
Convocan a jornada de oración en Francia ante votación sobre eutanasia

Los obispos franceses recogen las palabras de León XIV sobre la defensa de la vida y llaman a los fieles a rezar durante nueve días ante la votación decisiva sobre la eutanasia en el Parlamento.
Un último recurso a los medios sobrenaturales para poder detener la cultura de la muerte. La movilización de a Conferencia Episcopal de Francia (CEF) ha sido incesante. Por último ha convocado a los fieles católicos a unirse a una novena de oración por la vida entre el 22 y el 30 de junio, fecha en la que la Asamblea Nacional tiene previsto votar en tercera lectura el proyecto de ley que pretende legalizar la eutanasia y el suicidio asistido en el país. «No se cuida la vida poniéndole fin, sino acompañándola con atención, hasta el final», recuerdan los obispos en el mensaje dirigido a las parroquias.
Un proyecto de ley que divide al Parlamento
El texto legislativo sobre el final de la vida regresa a la cámara baja francesa tras un recorrido parlamentario marcado por la división. El Senado aprobó en su momento el apartado relativo a los cuidados paliativos, pero rechazó el proyecto de ley sobre el suicidio asistido, poniendo de manifiesto la falta de consenso entre los legisladores. Una fractura que se reproduce también en la propia Asamblea Nacional.
En un comunicado fechado el 14 de mayo, los obispos franceses denunciaron el riesgo de «imprudencia moral» y de «falta de respeto a la democracia» que supondría forzar la aprobación del texto. «En estas circunstancias, imponer la adopción de un texto que legalice la eutanasia y el suicidio asistido equivaldría a ignorar la voz de un número significativo de parlamentarios», advirtieron.
León XIV: «La defensa de la vida humana es un objetivo de civilización»
En su mensaje, la presidencia de la CEF inscribe la iniciativa en la línea de las palabras que el Papa León XIV dirigió la semana pasada a parlamentarios españoles. Los obispos recogen textualmente la intervención pontificia:
«La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es un objetivo de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y protegida desde su concepción hasta su declive natural, en todas las circunstancias de su existencia. [...] La grandeza moral de una nación se manifiesta ante todo en su capacidad de acompañar, proteger y amar las vidas que atraviesan la mayor fragilidad».
Para los obispos franceses, estas palabras adquieren una resonancia particular en el momento en que Francia se dispone a debatir un texto que podría modificar en profundidad su relación con la vida, la enfermedad y la muerte. La cuestión, subrayan, trasciende el ámbito estrictamente religioso y afecta a la concepción misma de la solidaridad nacional y al modo en que una sociedad decide acompañar a los más vulnerables.

