¿Y DESPUÉS DEL MUNDIAL… QUÉ?

Y DESPUÉS DEL MUNDIAL… QUÉ

 La justa mundialista está por terminar. Se jugaron todos los partidos, rodaron los balones, se escribieron los resultados. Los sueños se cumplieron o se rompieron; muchos ya piensan en alargar la emoción, cambiar de camiseta o esperar la próxima edición para seguir sintiéndose parte de este juego que apasiona, pero que a veces también condena a vivir en la superficie.

Los que manejan el espectáculo lo saben bien: es la vieja fórmula del pan y circo, perfeccionada en nuestros días. Bajo el manto de la fiesta universal, funciona una verdadera dictadura donde se mueven cifras millonarias, pasiones desbordadas y esperanzas prestadas. Equilibran realidades duras, dan aliento momentáneo a los despojados del espíritu, a quienes ya no creen en nada firme, a quienes necesitan ilusionarse aunque sea un instante para olvidar el vacío que llevan dentro.

El Mundial se convierte así en la dedicación de los sin rumbo: de quienes han olvidado que existe una verdadera Patria, eterna y segura, y buscan refugio en lo que pasa y se acaba. Cuando baja la euforia, la soledad vuelve, los problemas siguen ahí y la gran fiesta deja una resaca de vacío, porque se puso el corazón en algo que nunca pudo llenarlo por completo.

No es el juego en sí lo que falla, sino convertirlo en fin último en lugar de entretenimiento sano y pasajero. Mientras tanto, la maquinaria sigue girando, acumulando poder y riqueza, mientras millones quedan con la mano vacía y la mirada perdida, esperando otro espectáculo que los salve de enfrentar su verdadero destino.

¿Y después del Mundial? Queda la vida real, queda la verdad que no cambia, queda la Patria celestial que no tiene final ni derrotas. Solo quien recuerda esto no se pierde cuando se apagan las luces del estadio.