SAN CRISTÓBAL MAGALLANES

SAN CRISTÓBAL MAGALLANES

                                          Testigo de la paz y mártir en la persecución cristera 

 

Nacido en 1869 en Totatiche, Jalisco, en el seno de una humilde familia campesina, Cristóbal Magallanes Jara trabajó en el campo hasta los diecinueve años, cuando ingresó al Seminario Conciliar de Guadalajara, donde se distinguió por su honradez y dedicación.

Ordenado sacerdote en 1899, desarrolló una intensa labor pastoral. Fue Capellán y subdirector de la Escuela de Artes y Oficios de Guadalajara, organizó centros catequéticos y escuelas en comunidades rurales, construyó un orfanato y fue misionero entre los indígenas huicholes, siendo un ferviente propagador del Santo Rosario. Como Párroco de Totatiche, cargo que ejerció por diecisiete años hasta su muerte, fue también un prudente director espiritual de sus hermanos Sacerdotes. Durante la clausura del Seminario de Guadalajara por los perseguidores, fundó un seminario auxiliar en su propia parroquia para proteger y formar a los futuros Presbíteros.

Al estallar la Guerra Cristera (1926-1929), desatada por las leyes anticlericales del Presidente Plutarco Elías Calles, Magallanes se mantuvo firme en su oposición a la violencia. Fue, según sus biógrafos, "un hombre eminentemente pacífico".

El 21 de mayo de 1927, un destacamento militar encabezado por el General Francisco Goñi lo arrestó junto con su Vicario, el Padre Agustín Caloca, acusándolos falsamente de conspiración. Fue imposible presentar las pruebas de su inocencia. Trasladados a Colotlán y sometidos a un simulacro de juicio, fueron condenados a muerte. El Padre Magallanes distribuyó sus pocas pertenencias entre los soldados del pelotón y, antes de ser ejecutado, absolvió sacramentalmente al Padre Agustín Caloca mientras lo confortaba: "Tranquilízate, hijo, sólo un momento y después el Cielo".

El 25 de mayo de 1927 fue fusilado junto con su Vicario. Sus últimas palabras fueron: "Yo muero inocente, y pido a Dios que mi sangre sirva para la unión de mis hermanos mexicanos", sellando su martirio con un perdón sincero hacia sus verdugos.

Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 por el Papa Juan Pablo II, quien lo canonizó el 21 de mayo de 2000 junto con otros 24 compañeros Mártires. Desde el altar, su intercesión ha sido reconocida oficialmente por la Iglesia mediante un milagro atribuido a él. Pero el bien que ha hecho trasciende lo puramente canónico: San Cristóbal Magallanes y sus compañeros se han convertido en "un símbolo de valor y esperanza para la comunidad católica mundial".

Su legado sigue vivo en la devoción popular, especialmente en Totatiche y en la región de Los Altos de Jalisco. Miles de peregrinos acuden a venerar sus reliquias y a encomendarle sus causas. En su fiesta, el 21 de mayo, la Iglesia mexicana entera recuerda su ejemplo. Sus últimas palabras —que pidió rezar por la unión de todos los mexicanos— resuenan también hoy como una oración por la unidad de la Fe, reafirmando que fue un Mártir de la única verdad, que es Cristo.