¡QUE EL SILENCIO SOBRE LA CRISTIADA SE TORNE CÁTEDRA!
¡QUE EL SILENCIO SOBRE LA CRISTIADA SE TORNE CÁTEDRA!
Ni los niños que vivieron durante la Cristiada están ya con nosotros para contarnos la gran hazaña de los católicos mexicanos para defender su Fe. La convicción y virilidad de nuestros abuelos y abuelas para luchar por la libertad de la Iglesia en 1926, nos fue narrada en varios extraordinarios libros históricos o novelados que por décadas han sido considerados como clásicos en el tema. Pero dichas obras, aunque son unas joyas, ¿habrán alcanzado para ilustrar a más de cien millones de mexicanos?... Aparte de que ya no se encuentran en las librerías, dichas obras que son muy loables, valientes y meritorias, hoy, después de cien años, apenas el viento las susurra.
Por cien años, en su inmensa mayoría, el pueblo mexicano ha desconocido esta insólita gesta pues ni los libros, maestros -y menos de la escuela pública- ni los religiosos, han podido dar cátedra a sus lectores, alumnos o fieles.
¿Y por qué este largo, larguísimo silencio? Porque el Estado lo impuso parejo a gobernantes y gobernados; y porque, a su vez, la jerarquía eclesiástica lo ordenó a los feligreses. ¿Para qué? Para que todo este silencio favoreciera al victimario, que no pudiendo ganar con las armas, se vio en la necesidad de jugar tramposamente a la diplomacia para que "ambos bandos salieran ganando". ¡Nada tan falso como esto! Desde aquellos años, los Cristeros vaticinaban que el Gobierno mexicano hubiera terminado perdiendo si los E.E. U.U. no les hubiera ayudado en dinero, armas y negociaciones de escritorio, totalmente ajenas a los que en el campo defendían su Fe. Lamentable e increíblemente, Roma fue engañada acerca de la situación real de la Iglesia en México (sobre la terrible persecución, los Cristeros, los héroes, los mártires y, sobre todo, de las decenas de miles de muertos y de miles de familias y huérfanos desamparados). La jerarquía romana, afirman, fue engañada durante el desarrollo de la guerra y durante los "Arreglos", porque ingenuamente creyó que el Gobierno mexicano cumpliría su promesa de modificar las leyes antirreligiosas. Pero, para el pueblo, a esta traición se sumó otra afrenta no menor y totalmente injusta: ¡la imposición del silencio sobre la Cristiada! ¿Y que causó ese cruel silencio?... Que varias generaciones de mexicanos no han escuchado jamás sobre ¡la epopeya más valiente que los católicos mexicanos hayan protagonizado en la historia patria!
Que hoy, todos los mexicanos sepan que sus abuelos y abuelas defendieron heroicamente la Fe Católica, a costa de su propia vida. Que todos los mexicanos aprendamos a defender a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe por encima de nuestros propios intereses.


