LOS HIJOS NO QUIEREN "PADRES VIRTUALES"

LOS HIJOS NO QUIEREN "PADRES VIRTUALES"

Por más que en China se ha empezado a popularizar el término de "padres virtuales", no vayamos a creer que esta extraña novedad haya contribuido a la fortaleza moral de este emporio comercial. Nadie niega el éxito financiero, tecnológico y militar de esta potencia, pero la pregunta crucial para sus 1.4 millones de habitantes sería si sus familias son sólidas y felices.

En un Estado totalitario donde el gobierno exige a los padres de familia la mínima descendencia, la total sumisión a las políticas públicas, donde las prestaciones dependen de la estricta obediencia y fidelidad de cada individuo a las leyes, y las actividades laborales y cívicas están por encima de las familiares, incluso el tiempo propio para la convivencia en el hogar… ¿pueden los padres de familia cumplir con su más elemental deber de educar y formar a sus hijos?... Y qué decir de los hijos, ¿son felices?

Al sufrir el abandono de sus padres, los hijos comen, estudian y se divierten solos. ¿Eso es satisfactorio para los hijos?... Los hijos, sobre todo en las etapas decisivas de su formación, como son la niñez y la adolescencia, requieren, además de los más básicos y buenos hábitos, los lazos de afectividad que le hagan sentir amado, respetado, seguro de sí mismo y con un sentido trascendente en su vida. Además del amor y del calor de hogar, y de la armonía fraternal, los hijos requieren de corrección para poder superar sus propios defectos, errores, o las experiencias negativas que pueden provocar heridas, frustración o depresión. La modernidad, con sus altos estándares de competencia para conseguir el éxito profesional, la imagen "perfecta" y la riqueza, provocan en las personas grandes dosis de estrés que podría terminar en aislamientos graves, auto lesiones o hasta en suicidios juveniles como sucede en Japón.

Los hijos necesitan "papás presenciales" que compartan con ellos, día con día, no sólo los alimentos, sino también sus éxitos y fracasos, sus adelantos y torpezas, sus sonrisas y lágrimas. Cualquier hijo de cualquiera nación, quiere crecer al lado de sus padres; ni siquiera al lado de sus tíos, abuelos o primos; menos, bajo la "supervisión de vecinos, y peor tantito, de "padres virtuales" que, a través de sus pantallas, les den una "caricatura de amor". El amor humano se da y se recibe en una relación interpersonal, en donde las palabras cariñosas se palpen, se sientan, se confirmen con la verdad, la congruencia, la comprensión, la paciencia, el sacrificio, el apoyo mano a mano, la escucha atenta, la confidencia, etc. Y, sobre todo, donde se comparta con otro lo que es más valioso en la modernidad: el tiempo de cada uno. Así se demuestra que te aman: cuando el otro es capaz de sacrificar algo de lo más valioso para él, el tiempo, para quedarse contigo, cerca de ti.

El hijo, con "padres presenciales" y afectuosos, crece feliz aun cuando carezca de bienes materiales que otros sí poseen, pero que viven solos y aburridos, buscando placebos digitales que no son más que basura.

Ojalá que las familias mexicanas permanezcan fieles a las sanas tradiciones que permitan a los padres estar el mayor tiempo posible CON sus hijos, en busca de su mejor formación y felicidad.