LA VIRGEN DE ZAPOPAN: ESTRELLA QUE RECORRE LAS CALLES Y COLONIAS DE GUADALAJARA
LA VIRGEN DE ZAPOPAN: ESTRELLA QUE RECORRE LAS CALLES Y COLONIAS DE GUADALAJARA
En el corazón de Jalisco, donde la Fe se entrelaza con la Historia y cada rincón guarda un suspiro de devoción, reside la Reina y Madre de nuestro pueblo: Nuestra Señora de la Expectación, amada y venerada como la Virgen de Zapopan. Su imagen pequeña, hecha de pasta de caña, con un rostro de dulzura infinita, no es solo una obra de arte sagrada, sino el refugio eterno de los jaliscienses, el faro que guía nuestros pasos y el abrazo maternal que nunca nos abandona, sin importar la distancia ni el tiempo que pase.
Cuenta la Historia que Fray Antonio de Segovia a mediados del siglo XVI, mandó elaborar la pequeña imagen con artesanos purépechas del Estado de Michoacán. Muy pronto se volvió mensajera de paz y evangelización, convirtiéndose en el símbolo que unió a pueblos originarios y colonos bajo un mismo sentimiento de amor y esperanza. Pero fue en tiempos de la Independencia cuando recibió uno de sus títulos más queridos y honrados: La Generala. Fue el propio ejército insurgente, en años de grandes acontecimientos para nuestra Patria, quien le otorgó este grado militar, reconociéndola como su protectora espiritual, su guía y la verdadera líder que ampara a quienes defienden lo justo y lo sagrado. Desde entonces, lleva con orgullo este nombre, como estandarte de protección y amor por su gente. Su Basílica en Zapopan es su hogar permanente, pero ella, generosa y maternal, no se queda entre muros: ella sale, camina, visita y se hace una más de nosotros; de ahí su calificativo de "Peregrina".
Este año, el 20 de mayo, volvió a sonar la campana que anuncia su tan esperada partida. Ese día, con el alma llena de alegría y lágrimas de pura emoción, la Virgen de Zapopan inicia su tradicional recorrido por las calles y colonias de Guadalajara. Es el momento más hermoso y esperado de nuestra devoción, el tiempo en que Ella deja su Santuario para entrar en nuestras casas, en nuestras plazas, en nuestras vidas y en cada barrio de esta gran ciudad. Pasa por calles antiguas cargadas de historia y por nuevas avenidas llenas de vida; recorre colonias humildes y barrios señoriales, llegando hasta el último rincón donde haya un corazón dispuesto a recibirla. Donde Ella pasa, la tristeza se aleja, la enfermedad encuentra consuelo y la esperanza florece como las flores más hermosas que adornan su camino.
¡Oh, Virgen bendita, hermosa como el amanecer sobre el bosque de La Primavera, dulce como el canto de los pájaros que te alaban al pasar!
Eres la perla más preciosa de nuestra tierra, la joya que nos hace brillar ante el mundo entero. Tus ojos son dos luceros celestiales que miran con ternura infinita a cada uno de tus hijos, sin olvidar a nadie, sin dejar a nadie fuera de tu amor. Tus manos juntas en oración son el signo vivo de que siempre intercedes por nosotros ante tu Hijo amado, nuestro Señor. Eres la Reina del Cielo y de esta tierra que te ama con devoción sin fin; eres la Madre que escucha nuestros lamentos, que seca nuestras lágrimas y convierte nuestras penas en oraciones llenas de fe y confianza.
Al verte avanzar entre nosotros, cubierta de mantos preciosos, rodeada de flores frescas, música alegre y cantos de amor, sentimos que el Cielo entero baja a la tierra. Cada paso que das por el empedrado o el asfalto, es una bendición que queda grabada en el suelo que pisas; cada parada que haces es un abrazo inmenso que entregas a quienes te esperan con el corazón abierto y las manos juntas. No hay colonia, por pequeña o alejada que esté, que no se llene de fiesta, luz y devoción cuando sabe que Tú vas a llegar. Mujeres, hombres, ancianos y niños salen corriendo a tu encuentro: todos quieren tocar tu anda, todos quieren decirte cuánto te aman, todos quieren pedirte protección para los suyos y agradecerte los infinitos milagros que día a día nos concedes.
Virgen de Zapopan, amor de nuestros amores, refugio seguro en la tormenta, luz que nunca se apaga en nuestro camino. Gracias, Madre querida, por salir a buscarnos, por recorrer cada calle de Guadalajara para estar cerca de nosotros. Gracias por no olvidar que somos tus hijos, siempre necesitados de tu amor y tu amparo. En este recorrido que empieza el 20 de mayo, llena cada rincón de esta ciudad de tu gracia, de tu paz y de tu bendición. Que nadie quede sin sentir tu cariño, que nadie se sienta solo si tú vas caminando a nuestro lado, como la Generala que guía y protege a su pueblo. Eres nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza.
¡Viva la Virgen de Zapopan! ¡Viva nuestra Madre amada, que recorre las colonias, bendice las calles y reina para siempre en los corazones de este pueblo que te amará por toda la eternidad!


