LA RESISTENCIA CONTRA LA IDIOTEZ MODERNA

LA RESISTENCIA CONTRA LA IDIOTEZ MODERNA

La batalla por la cordura en el siglo XXI comienza en el santuario del hogar, el último refugio frente a la marea de confusión que pretende disolver la identidad del individuo. Para recuperar el concepto de dignidad humana, es imperativo que la familia vuelva a ser esa escuela de humanidad donde se enseñe, con amor pero con firmeza, que nuestra naturaleza no es un disfraz ni un error, sino un don sagrado. La tendencia a la despersonalización que vemos en modas como el trans-especismo sólo prospera en el silencio de los padres y en la ausencia de una educación que afirme la jerarquía de la Creación. No se trata sólo de prohibir el acceso a contenidos que promueven el absurdo, sino de ofrecer una alternativa poderosa y bella: la verdad de que somos seres únicos, dotados de inteligencia y voluntad, creados para algo mucho más grande que la simple satisfacción de impulsos o fantasías irracionales. Nacimos para ser hombres y mujeres de bien. ¡Nacimos para salvar el alma, para contemplar a Dios en la eternidad!

​En el ámbito familiar, la dignidad se recupera mediante el rescate del sentido común y la revalorización de los ritos que nos definen como personas. Es necesario fomentar el pensamiento crítico frente a las pantallas, enseñando a los hijos a distinguir entre la libertad auténtica —aquélla que nos permite elegir el bien— y el libertinaje de la autopercepción que termina en la alienación. Cuando un joven comprende su valor intrínseco como imagen de Dios, el deseo de rebajarse al nivel de una criatura inferior desaparece por completo, pues la nobleza de su alma no permite tal humillación. La familia debe ser el espejo donde el niño vea su humanidad como una misión de servicio y trascendencia, recordándole que los animales están a nuestro servicio para facilitarnos la vida y a nuestro cuidado para enseñarnos la belleza de la vida, pero que sólo nosotros poseemos la capacidad de conocer la verdad y alcanzar la eternidad. La resistencia contra la idiotez moderna no se hace con gritos, sino con la sólida formación de corazones que se saben humanos y se sienten orgullosos de serlo.