LA MIRADA EN LA MONTAÑA

LA MIRADA EN LA MONTAÑA

Sólo los que han sido alpinistas (amateur o profesionales) entenderán lo que a continuación les narro:

El amor a la montaña, nace desde su nombre: montaña, género femenino ... y como tal, pone a prueba la fortaleza del hombre ante la imponente mole en la cordillera. "Ella es un reto a conquistar". Aquí no se trata de que si la invito al cine o a bailar ... ¡no! ..., aquí el cortejo se debate en las alturas, en el cansancio, el frío, la náusea y en la imponente belleza de su talle. La montaña ... esa joven atrayente que lleva miles de años en la misma actitud: orgullosa, inaccesible, seductora ... todo y más es la montaña. Ella se deja cortejar llamándote desde el fondo de sus cañones y la suavidad arenosa de sus laderas.

La montaña es para hombres sin miedo a la noche, al cansancio, al granizo de madrugada, a los ruidosos salvajes de la fauna que la mora. La mejor forma de abordarla es muy temprano por la mañana, donde los cálidos rayos del sol, hace huir al frío congelante y se eleve el cielo, con nubes esplendorosas; desde la cumbre se ve la sombra de sus picos, sobre el mullido cojín de nubes sobre sus faldas. Un color rosáceo, surge al amanecer para ir elevando poco a poco la alfombra y convertirla en parasol.

El momento más hermoso, casi religioso es el amanecer: todo es epifanía, suave verdor ­­­­­ y piedra cortada en vertical.

Atrás, en el pequeño valle antes de la cúspide, se ven hacia abajo extensos bosques de pinos que le hacen falda a su regazo.

El último reto es librar las chimeneas de la cima... sin equipo, tan sólo cuerdas, guantes y fortaleza ... A pesar del frío, se suda la gota gorda ... y por fin, al medio día, logras escalar su cuello para llegar al beso. Su aliento en ese horario es cálido y transparente, el aire es purísimo, sin mácula, sin asomo de hollín o impurezas.

Es lo más satisfactorio llegar a la cima y firmar el libro de los pretendientes que han logrado conquistarla.

Ella, impávida se deja querer y cuando se molesta por alguna herejía a su belleza, amontona nubes negras que desatan furiosas tormentas que pueden en su momento matarte sin compasión. A veces, el beso de la montaña ... es mortal pero casi siempre te deja agotado y cuando más desesperas ... ¡es seguro tu regreso!


SAPIENTIA LDI
EDITORIAL