LA EUTRAPELIA: EL ARTE DE SABER DESCANSAR Y REÍR CON DIGNIDAD

LA EUTRAPELIA: EL ARTE DE SABER DESCANSAR Y REÍR CON DIGNIDAD

Existe una virtud poco conocida pero profundamente humana, que nos enseña a descansar, divertirnos y hasta bromear sin perder el respeto ni caer en lo bajo: se llama <<eutrapelia>>, palabra que viene del griego y significa literalmente: saber girar bien, saber cambiar de actividad con equilibrio y gracia. Según la enseñanza del Padre Alfredo Sáenz, y la tradición espiritual que la ha difundido, esta virtud regula los juegos, las diversiones, el descanso y la risa bajo la luz de la razón y la Fe, mostrándonos que divertirse no es contrario a la santidad, siempre que se haga con orden y dignidad.

Pertenece al grupo de las virtudes de la modestia, que brotan de la templanza, y se sitúa justo en el medio de dos extremos igualmente dañinos. Por un lado, está la bufonería: quien se divierte de cualquier manera, cae en lo vulgar, lo indecente o lo ridículo, perdiendo el respeto a las personas, a sí mismo y a Dios. Por el otro, la rudeza o sequedad: quien no sabe descansar ni reír, todo lo toma con rigidez, vive siempre tenso y exige que los demás vivan igual, convirtiendo la vida en una carga pesada y sin aire. La eutrapelia es el justo medio: sabe soltar la tensión, compartir una broma limpia y descansar, pero siempre dentro de lo que conviene, con quién, cuándo y cuánto.

El Padre Sáenz lo explica con claridad: el cuerpo y el espíritu se cansan, necesitan renovarse, y el descanso ordenado no es debilidad sino ley de nuestra naturaleza. Quien no descansa bien, tampoco trabaja bien. El juego, la risa y la convivencia alegre son cosas buenas en sí mismas: restauran las fuerzas, refrescan la mente, unen a las personas y hacen más llevaderas las cargas. Pero así como el alimento necesita medida para no dañar el cuerpo, el descanso y la diversión necesitan prudencia: nada que ofenda, nada que esclavice, nada que haga olvidar quién somos y ante quién estamos.

Hay también una falsa espiritualidad que desprecia la risa y el descanso, como si ser santo fuera ser siempre serio, adusto y sin alegría. Nada más lejano del Evangelio. El mismo Señor Jesucristo participó en bodas y banquetes, comió y bebió con sus discípulos, y el Rey David bailó ante el Arca sin que eso le restara santidad. Lo que el Evangelio advierte no es la risa limpia ni el descanso honrado, sino la bufonería, las bromas indecentes y las palabras que avergüenzan: San Pablo lo recuerda cuando pide que entre vosotros no haya ni bufonería ni palabras necias, que no convienen.

La eutrapelia es, en el fondo, educación del corazón: saber ser ligero sin ser superficial, relajado sin perder el respeto, alegre sin caer en lo bajo. Nos recuerda que Dios nos dio la risa como regalo, no como trampa, y que descansar bien es también una forma de obedecer a quien descansó el séptimo día para santificarlo. Vivir esta virtud es decir: me tomo en serio la vida, pero no me tomo tan en serio a mí mismo como para no saber soltar la carga, reír con los que ríen y volver al deber con el alma renovada. Saber descansar bien es también saber orar bien: porque donde hay alegría ordenada, hay espacio para la gratitud y para la paz que viene de lo alto.