LA ASCENCIÓN ¿LEJANÍA O CERCANÍA?

LA ASCENCIÓN ¿LEJANÍA O CERCANÍA?

Hace unos días, la Iglesia Católica celebró la Fiesta de la Ascensión del Señor, recordándonos que, después de que Cristo Resucitado se quedó 40 días al cobijo de sus Discípulos, se elevó a los Cielos.Los 33 años que N.S. Jesucristo quiso vivir entre los hombres, destilando Verdad y Bondad a todos, han sido los 33 años más maravillosos de la Historia de la humanidad. Bastaron tres años para que, de manera explícita, la humanidad recibiera los más esplendorosos rayos de sabiduría y los más profundos sentimientos de amor jamás conocidos. Sólo "El Maestro", dio Palabras de Vida Eterna, y sólo Él como Redentor, dio el mayor bien que los hombres pudieran desear: la salvación.

Pero ¿cómo no sentir temor ante la separación física de N. S. Jesucristo pues, humanamente, nos hace sentir como "huérfanos"? Sin embargo, ¿cómo no gozarnos con Él por el re-encuentro amorosísimo del Hijo con su Eterno Padre, luego de la ofrenda dolorosísima que hizo de Sí mismo en la Cruz para redimirnos?Ahora que el Hijo de Dios está sentado Glorioso a la diestra del Padre ¿se olvidará de nosotros, sus pobres hijos, que aunque ya aptos para el Cielo, seguimos siendo pecadores? ¿Será que Cristo, habiendo regresado a la Casa Celestial nos abandonará a nuestra suerte?... ¡Jamás!Si el amor y la misericordia de Nuestro Señor lo llevó hasta el éxtasis en la Cruz, ese mismo amor y misericordia quedaron sellados para la eternidad, porque el que de verdad ama, ama para siempre.

Cristo, al despedirse de sus Discípulos, les promete su continua y eficaz asistencia y amor, a través del Espíritu Santo Consolador. Cristo se va físicamente, pero espiritual y sacramentalmente ¡VA A ESTAR MÁS UNIDO A NOSOTROS QUE NUNCA!... ¡Qué hermoso consuelo para el católico que quiere vivir en Su Gracia!

Espiritualmente, el Consolador será UNO contigo, como el Amor hace uno al Amado y al Amante. Y, sacramentalmente, Jesús mismo, en la santa Comunión, también será UNO contigo, porque esa "unión común", es una unión entre dos almas, la de Cristo y la tuya, en que Él que se hace pequeñito para estar en tu alma pequeñita.

Nuestro Señor Jesucristo subió al Cielo, pero SU ESPÍRITU ESTÁ PRESENTE real y permanentemente en tu alma, en tu pensamiento, en tu corazón. Cristo está en ti, vive en ti, en cada latido tuyo, en cada pensamiento, en cada buena inspiración, si tú aceptas estar con Él siempre en Gracia. Y en la tentación, Él está presente para fortalecerte; y hasta en la caída, ¡para levantarte!

Jesús mío, ¡no te vayas! ¡Quédate siempre con nosotros que, sin Ti, nada somos!