¡¿VENDER EL ALMA POR UNA MIGAJA?!

23.03.2026

Después de la lamentable violencia que algunas pobres enmascaradas hicieron el pasado 8 de marzo en la Parroquia de la Compañía, de San Luis Potosí, aún nos invaden pensamientos de preocupación por esas mujeres que conforman el "bloque negro", especializado en hacer destrozos con martillos, hachas, fuego y derribamientos de cruces o imágenes sagradas.

Nos queda claro que esas mujeres vándalas las controlan fuerzas oscuras lavándoles el cerebro, o cobran por cada sacrilegio cometido, o de plano, ellas mismas se envalentonan gracias a algún estupefaciente (que les ofrecen en sus reuniones) que les hacen perder la cordura.

¿Cómo podrán justificar haber atacado directamente a Dios, incendiando la puerta de Su casa, profanando Su altar y derribando al suelo el símbolo más sagrado del Cristianismo: la Cruz por la cual el Dios hecho Hombre nos redimió?

Toda persona humana, entrada en uso de razón, y legalmente desde los 18 años, es responsable de sus actos y merece una recompensa o castigo de acuerdo a la bondad o maldad de sus actos.

Lo que las feministas violentas hacen en contra del patrimonio cultural, histórico y religioso, son actos totalmente reprobados por propios y extraños. ¡Hasta la mayoría de las manifestantes lo reprueba!... Bautizadas o no, las mujeres (¿u hombres?), cada una en lo individual es responsable de quemar templos o derribar imágenes sagradas, y cada uno debe pagar por sus actos, aquí en la tierra o en el más allá.

Mujer, si por desgracia fuiste una de esas delincuentes, reflexiona serenamente sobre la gravedad de tus actos, porque son delitos, no contra un ser humano, sino contra la misma Divinidad. Arrepiéntete, corrige y decídete a no volver a cometer dichos actos vandálicos. Si fuiste víctima de algún abuso y ello te ha llevado a odiar… pues exige justicia a las autoridades civiles (Fiscalía del Estado) para que castiguen al culpable. Si por la lamentable impunidad no lo hacen, ten la seguridad de que Dios, Juez Justísimo, castigará severamente a quien te ofendió si no se arrepiente. ¡Y a ti también si no te arrepientes!

Defiende tus derechos con inteligencia; a martillazos y fuego, sólo podrás conseguir la cárcel (aunque ya no se sabe con autoridades tan negligentes) pero, de seguro y peor aún, romperás la relación de amistad con tu Creador, arriesgando la salvación de tu alma, ¡lo más sagrado que tienes!

¡Respeta a la Iglesia y a los creyentes, y a la Casa de Dios con todas sus objetos sagrados!

No vendas tu alma por una migaja de ideología anticristiana o de infeliz satisfacción.

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