TIEMPO PERDIDO

En nuestra vida cotidiana estamos muy acostumbrados a decir "no tengo tiempo", estamos saturados de ocupaciones y también de distracciones, y, de hecho, no son pocas las veces en que no tenemos tiempo justamente porque lo hemos perdido en cosas inútiles. Y para aquello que realmente es un deber, decimos "después".
En la juventud parece que el tiempo es eterno, que nunca se pondrá el sol, y por ello no valoramos el tiempo, no lo ocupamos en cosas que realmente nos hagan un bien y a menudo lo ocupamos en cosas que nos perjudican: malas amistades, redes sociales, vicios, amoríos, entre otros.
Pero hemos de recordar que no somos seres eternos; millones de hombres han vivido antes que nosotros, fueron jóvenes y ahora ya están muertos, y después de la muerte, enfrentaron un juicio en donde Dios ya les ha preguntado por el tiempo que se les dio y ya recibieron su sentencia eterna.
El tiempo por el hecho de ser limitado, es muy valioso, y debemos valorarlo. Está en nuestras manos decidir qué hacer con él: podemos tirarlo a la basura o podemos empezar a sembrar en nuestra alma aquello que cosecharemos cuando seamos mayores. Cuando seamos ancianos y veamos a la muerte cerca de nosotros, ¿podremos recordar la juventud con agrado? ¿O la recordaremos con vergüenza y añoraremos haber desperdiciado tanto tiempo? Ciertamente no todos los que mueren son ancianos, a todos nos puede sorprender la muerte repentinamente, y a causa de esto no podemos esperar a mañana para aprovechar bien nuestro tiempo. Hay muchas cosas que podemos hacer para aprovechar el tiempo: leer buenos libros, escuchar buena música, ver cosas bellas, buscar buenas compañías, corregir nuestros defectos, educarnos, y ocuparnos de la religión.
La religión no es un tema para señoras ancianas. La primera antífona que se dice en la Misa Tridentina es "Entraré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud", y no podemos olvidar al gran número de jóvenes cristeros que lucharon por defender a Cristo Rey en nuestro país. En la vida se atraviesan muchas dificultades, muchos problemas, muchas tentaciones, y sólo si le somos fieles a Dios podremos salir victoriosos.
No sabemos cómo será nuestra vida en el futuro, ni siquiera conocemos cómo será el minuto siguiente, sólo conocemos nuestro presente y podemos decidir en él, y buscar merecer el futuro que Dios, en Su infinita bondad, tiene para nosotros. Inevitablemente fallaremos y caeremos, pero con la Gracia de Dios sabremos levantarnos y salir adelante.
Ahora que eres joven, aprovecha bien el tiempo puesto que no sabes cuánto Dios te dará. Recuerda que tienes un alma, un juicio que enfrentar, y, sobre todo, no olvides serle fiel a Dios para que el día de tu muerte puedas con dicha repetir la antífona antes mencionada: "Entraré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud".
Señorita Paulina Estrella
