
Señalan profanaciones eucarísticas en Basílica de San Pedro

Un periodista italiano asegura haber presenciado dos profanaciones eucarísticas durante la Misa de las 10:30 del 8 de febrero en la nave central de la Basílica de San Pedro. El testigo atribuye lo ocurrido a negligencias en la vigilancia durante la comunión.
(LSN/InfoCatólica) El periodista italiano Andrea Zambrano ha denunciado dos presuntas profanaciones eucarísticas ocurridas durante una Misa dominical en la Basílica de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano. El testimonio sitúa los hechos el 8 de febrero, durante la Misa de las 10:30 celebrada en la nave central del templo y presidida por el cardenal Mauro Gambetti.
Según el relato, antes del momento de la comunión una mujer se dirigió a los presentes en cuatro idiomas —francés, inglés, español e italiano— para advertir: «Es el momento de la comunión. Los fieles que estén en estado de gracia pueden acercarse y consumir delante del sacerdote». El periodista afirma que esa advertencia parecía orientada a evitar abusos, pero sostiene que lo que vio después contradijo por completo esa intención.
El primer episodio descrito habría implicado a un hombre que recibió varias formas consagradas. El periodista asegura que, mientras él y su esposa estaban «dos o tres filas más atrás» en la fila de la comunión, observaron «a un hombre que sostenía en la mano ahuecada al menos dos o tres partículas» y que luego regresó a su banco. Allí, según el testimonio, el hombre «se las dio a otras personas que estaban esperando, que consumieron el Cuerpo de Cristo directamente de él». El periodista añade que no pudo intervenir por la distancia y por las circunstancias en ese momento.
Además, plantea una pregunta directa sobre lo ocurrido en el propio reparto de la comunión: cómo fue posible que el sacerdote que distribuía «diera tres hostias a una sola persona». A juicio del testigo, ese detalle resulta clave para comprender el desorden y la falta de custodia que facilitarían un sacrilegio.
Ya de vuelta en su asiento, el periodista dice haber presenciado una segunda profanación en las proximidades. Según escribe, una mujer asiática sostenía una hostia consagrada y se acercó a un niño pequeño, de unos cuatro o cinco años, que estaba sentado con su padre. El testigo afirma que la mujer «prácticamente le metió la hostia en la boca» al niño. Al ver la escena, el periodista cuenta que reaccionó gritando «¡No!», cuando el niño, asustado, parecía a punto de escupir la hostia.
El relato continúa señalando que la mujer parecía no saber qué hacer: si recuperar la hostia o dejarla. El periodista sostiene que entonces hizo un gesto al niño para que continuara consumiéndola, con el fin de evitar una profanación aún mayor.
Tras describir estos hechos, el periodista se pregunta por la ausencia de vigilancia en el momento más delicado. «¿Qué se suponía que debía hacer en ese momento?», escribe, añadiendo que se sintió como «un gendarme torpe e improvisado» y lamentando que los fieles no deban ser colocados en la situación de tener que vigilar a otros durante la Santa Misa, y menos aún cuando está en juego el respeto debido al Santísimo Sacramento.
En ese contexto, afirma haber observado que el personal de seguridad dentro de la basílica sí se mostraba muy activo en otros aspectos, especialmente para impedir fotografías. Según el testimonio, cerca de la tumba de San Juan Pablo II se repetía a los visitantes: «Oye, amigo, no foto, por favor». Sin embargo, sostiene que ese mismo celo no se veía junto a los sacerdotes durante la distribución de la comunión. El periodista propone que, si se pretende imponer vigilancia, se sitúe personal al lado de quienes distribuyen la comunión para asegurar que «profanaciones como las que presenciamos» no vuelvan a ocurrir.
El periodista publicó su relato en un medio italiano y, en su reflexión, afirma también que la práctica de recibir la comunión en la lengua impediría situaciones semejantes. Recuerda que, durante el pontificado de Benedicto XVI, ese modo de comulgar era habitual en las Misas papales.
Finalmente, el periodista dirige su interpelación al cardenal Mauro Gambetti, señalando que, como arcipreste de la Basílica de San Pedro, vicario general para la Ciudad del Vaticano y presidente de la Fábrica de San Pedro, la basílica funciona bajo su autoridad. Por ello, sostiene que estas profanaciones denunciadas entrarían en el ámbito de su responsabilidad, al igual que «aquellas otras más clamorosas que hemos presenciado recientemente». El texto añade que en los últimos meses se han registrado diversos incidentes dentro de la basílica descritos como actos de profanación o de grave irreverencia, y menciona también un caso posterior en la capilla del Santísimo Sacramento durante la adoración, tras el cual se realizó un acto de reparación.

