REFLEXIÓN SOBRE EL CASO BRIGITTE STEGEMANN

¡Eutanasia aplicada sin capacidad consciente! …
Esto le pasó a Brigitte Stegemann, una mujer de 83 años que, a pesar de sufrir por un padecimiento de cáncer de estómago en etapa cuatro, había expresado su deseo de morir de manera natural, porque eso le dictaba su conciencia.
El 10 de julio pasado, le fue aplicada la eutanasia, a pesar de haberla rechazado meses atrás. Los médicos del geriátrico The Pearl, en Canadá, fueron quienes organizaron y agilizaron el protocolo del Programa de Asistencia Médica para Morir (MAID), en ausencia de su nieta, quien poseía el poder notarial para tomar decisiones médicas sobre su abuela.
Era evidente que cuando Briggite autorizó para que se la aplicaran, no entendió lo que firmaba, porque tenía disminuida su capacidad auditiva, no entendía mucho el inglés, ya que su lengua materna era el alemán y, además, presentaba pérdida momentánea de lucidez, pero, sobre todo, por la forma en que se lo plantearon, denunció su nieta: en términos vagos le dijeron "le vamos a administrar medicamentos y se sentirá en paz", sin mencionar la palabra "muerte".
Desconsolada, Brigitte lloró cuando su nieta le explicó lo que le sucedería: ¡Cometí un error! fue lo único que expresó … y, cuando llegó el momento y le preguntaron si deseaba continuar con el procedimiento, justo antes de aplicar la inyección letal o sedación terminal, no consintió, sólo rezó. Su familia denuncio la negligencia médica y con tristeza aceptó que, por ignorancia, no solicitó una medida cautelar judicial para detener el procedimiento.
Si reflexionamos sobre este caso, y tratamos de ponernos en la posición de Brigitte, implica que dejemos de lado los argumentos con los que favorecen y justifican estas prácticas "para que ya dejen de sufrir" y mirarlo, desde la perspectiva de una persona con profundas convicciones religiosas, como lo era ella, que, consciente de su próxima muerte meditaba sobre su trascendencia y, mientras estuvo lúcida, por su propia voluntad quiso abrazar la cruz de la enfermedad hasta que llegará su muerte de manera natural.
No sabemos, pero queremos creer que ofreció a Dios su sufrimiento y lo aprovechó como una manera de expiación del alma y un medio de santificación. Lo que sí sabemos es que le quitaron el tiempo que le había destinado Dios para hacer méritos para ganarse el Cielo. ¿Y que tal si esas horas, días, años que le quedaban, significaba eso: el Cielo como destino final?
¡Pidamos por su eterno descanso! Y que este ejemplo, de aplicación de leyes humanas que atentan contra lo establecido por Dios, nos mantenga alertas y vigilantes, para no permitir que atenten contra la última voluntad de los más vulnerables.
