PORNOGRAFÍA: MAL DE NUESTRO TIEMPO V

EFECTOS EN EL SISTEMA DE RECOMPENSA Y CONTROL
C1) En la investigación que realizamos sobre el tema en comento nos encontramos, dentro de muchos, el presente artículo, y el siguiente, de Rachel Anne Barr, que no tiene desperdicio, es un estudio que complementa y enriquece enormemente el tema, razón por la cual lo añadimos. (Publicado originalmente en The Conversatio.)
- Si bien la ciencia está dando aún sus primeros pasos en la investigación de las consecuencias neurológicas por el consumo de porno, está claro que la salud mental y la actividad sexual de su amplia audiencia están experimentando efectos sumamente negativos, entre los que se pueden identificar: la depresión y la disfunción eréctil.
La vida secreta de quienes trabajan en "el Uber del porno"
En mi propio laboratorio nos dedicamos a estudiar las conexiones neuronales que subyacen bajo los procesos memorísticos y de aprendizaje.
Las características de los vídeos pornográficos disparan la plasticidad, que es la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse tras una experiencia determinada.
Ésta, combinada con la accesibilidad y el anonimato proporcionado por el consumo de porno online, nos convierte en sujetos extremadamente vulnerables a sus efectos hiper estimulantes.
Secuelas del consumo de porno
A largo plazo, el porno parece provocar disfunciones sexuales, de consideración.
De la misma manera, el grado de satisfacción con la relación y el compromiso con la pareja, también puede verse afectado.
Con el fin de tratar de dar explicación a estos efectos, algunos científicos han establecido paralelismos entre el consumo de pornografía y el abuso de sustancias.
El diseño de nuestro organismo hace posible que el cerebro responda a la estimulación sexual liberando dopamina, un neurotransmisor asociado principalmente a la anticipación de recompensa, que actúa también en la programación de recuerdos e información en el cerebro.
¿Hasta qué punto la pornografía todavía domina Internet?
Esto significa que, cuando el cuerpo quiere, por ejemplo, comida o sexo, el cerebro recuerda lo que debe hacer para obtener el mismo placer que en ocasiones anteriores.
En lugar de dirigirse a su pareja para lograr una realización o gratificación sexual, los consumidores habituales de porno recurren a su teléfono u ordenador cuando el deseo llama a su puerta.
Además, las explosiones de placer y recompensa, cuando son antinaturales, generan potentes niveles, también antinaturales, de habituación en el cerebro. El psiquiatra Norman Doidge lo explica así:
"La pornografía satisface cada uno de los requisitos previos para el cambio neuroplástico. Cuando los pornógrafos se jactan de que están yendo un paso más allá al introducir temáticas nuevas y más fuertes, obvian que deben hacerlo porque sus clientes están desarrollando una tolerancia al contenido habitual".
Las escenas que se pueden ver en la porno, como ocurre con las sustancias adictivas, son desencadenantes hiper estimulantes que producen una secreción antinatural de altos niveles de dopamina, lo cual puede deteriorar el sistema de recompensa de la dopamina e inutilizarlo de cara a fuentes de placer naturales.
Este es el motivo por el cual los consumidores de pornografía experimentan dificultades para excitarse en compañía de su pareja.
Más allá de disfunciones
La desensibilización de nuestro circuito de recompensa sienta las bases para el desarrollo de disfunciones sexuales, pero las repercusiones van más allá.
Los estudios elaborados demuestran que las alteraciones en la transmisión de dopamina pueden facilitar la depresión y la ansiedad. Los resultados obtenidos indican que los consumidores de pornografía manifiestan más síntomas depresivos, una menor calidad de vida y una salud mental más pobre que aquéllos que no ven porno.
