PORNOGRAFÍA MAL DE NUESTRO TIEMPO IV

B) El consumo excesivo de pornografía puede alterar los circuitos cerebrales al modificar el sistema de recompensa, muy similar a la adicción a las drogas, provocando desensibilización que requiere, cada vez, estímulos más intensos para excitarse. Provoca una menor conectividad funcional en áreas como la corteza prefrontal, afectando el control de los impulsos y la toma de decisiones. También se observan alteraciones en la actividad cerebral asociada a la relajación y a la memoria, así como cambios en las ondas cerebrales (Alfa, Beta, Gamma Theta)
El consumo de pornografía puede alterar los circuitos cerebrales al modificar el sistema de recompensa.
Este proceso es similar a lo que ocurre con otras adicciones. Como en las drogas o en juego, puede implicar varios cambios neurobiológicos:
-. Dificultad para la relajación. La exposición puede aumentar la excitación y la alerta, (ondas Beta), mientras que disminuye la relajación (ondas Alfa).
-. Alteración en la memoria y la cognición. El consumo excesivo puede afectar las ondas Theta y Gamma, vinculadas a la memoria y al proceso de información.
-. Liberación de dopamina: La visualización de contenido explícito desencadena la liberación de grandes cantidades de dopamina en el núcleo accumbens (se anexa recuadro) y otras áreas del sistema de recompensa, generando sensaciones intensas de placer.
-. Tolerancia. Con el tiempo y el consumo repetido, el cerebro puede desarrollar tolerancia, produciendo menos neurotransmisores o reduciendo la cantidad de receptores de dopamina, lo que hace que los estímulos habituales ya no produzcan el mismo efecto.
-. Búsqueda de novedad e intensidad. Para alcanzar la misma gratificación, la persona puede necesitar recurrir a estímulos pornográficos cada vez más intensos, nuevos o extravagantes.
-. Alteración de la corteza prefrontal. El consumo excesivo, especialmente durante la adolescencia, puede afectar el desarrollo o funcionamiento de la corteza prefrontal, área cerebral encargada del control de impulsos, la toma de decisiones y la regulación emocional, lo que puede llevar a una pérdida de control sobre la conducta de consumo.
-. Las actividades, cotidianas que antes resultaban placenteras, pueden dejar de serlo, ya que el cerebro se acostumbra a los altos niveles de estimulación dopaminérgica proporcionados por la pornografía.
Estos cambios pueden llevar a un ciclo de dependencia y, en casos extremos, a lo que se considera una adicción comportamental.

Las ondas (o ritmos) cerebrales Alfa, Beta, Gamma y Theta son impulsos eléctricos oscilatorios producidos por las neuronas, medidos por electroencefalogramas (EEG) según su frecuencia en Hz. Indican estados mentales: Gamma (alta concentración), Beta (vigilia/actividad), Alfa (relajación/calma), Theta (sueño ligero/meditación), reflejando cómo funciona el cerebro en reposo o actividad.
Fuente para este artículo: Audiolibro "Tu cerebro pornificado" neurobiología de la recompensa. Gary Wilson.
Para más detalles sobre la neurociencia detrás de este fenómeno, puedes ver: Seminario online: Dopamina, placer y porno: la neurociencia de la pornografía. Alejandro Villena.
