NIÑOS TRANS … ¡NIÑOS INFELICES!

29.04.2026

En estos tiempos, en que el comportamiento social va de la mano de lo "políticamente correcto", se promueve que a los niños, con inquietudes, a cerca de su identidad sexual, sean transicionados y no sanados.

El sentido común y la lógica de una persona enferma de "cualquier cosa", es, "si me siento mal o algo no está bien en mí, voy al doctor a que me diagnostique, recibir tratamiento y evitar complicaciones", entonces, si me duele el corazón, voy a un cardiólogo; si me duele mucho la cabeza voy con un neurólogo … Si en mi mente, soy hombre y físicamente soy mujer, iría al psiquiatra, pero con aquél, que se tome el tiempo de profundizar sobre la causa que distorsionó mi identidad para poderlo sanar, antes de tomar la decisión de transicionar de género, que es bien sabido que conlleva consecuencias físicas y psicológicas graves e irreversibles.

Sin embargo, para los Padres de familia que llevan a sus hijos a tratar este tipo de problemas, es muy confuso, porque los organismos oficiales que dictan las normas a cerca de la salud pública, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde el 18 de junio de 2018, eliminó de su lista de trastornos mentales, la transexualidad y la incongruencia de género, trasladándolo al capítulo de condiciones relacionadas con la salud sexual … Entonces acceden a que inicien a temprana edad con este tipo de tratamientos: primero supresión hormonal, para después realizar la transición mediante la cercenación de los órganos reproductores.t

Realmente, ¿transicionar sanará, física, psíquica y espiritualmente al niño con confusión de su identidad? … Muchos olvidan que cuerpo y alma, esta bidimensionalidad actúa siempre en conjunto, como tal, las enfermedades de este tipo deben de tratarse integralmente, no pensar que es algo solamente físico.

Hay investigaciones serias realizadas por Médicos de gran prestigio, que preocupados por el incremento de problemas de salud mental en la comunidad LGTBQ+, en específico en los transexuales, han profundizado en el tema, a raíz de la tasa desproporcionada de problemas como la depresión, ansiedad, lesiones físicas y un alto índice de suicidio a comparación de la población en general. Artículos, como el publicado en The New Atlantis, the journal of thechnology and society No. 50, llamado "Sexualidad y Género, conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales"1 del Psíquiatra Paul Mchugh y el Bioestadista Lawrence S. Mayer, concluyen, en el caso especifico de los niños y adolescentes trans, lo siguiente: Los niños y adolescentes son un caso especial cuando abordamos las cuestiones de género. A lo largo de su desarrollo, muchos sopesan la idea de pertenecer al sexo opuesto … pero prácticamente todos los niños acaban identificándose en último término con su sexo biológico. Queda claro que la idea de que un niño de dos años que haya manifestado pensamientos o conductas que se identifican con el sexo opuesto pueda ser catalogado de por vida como transgénero no cuenta con ningún respaldo científico. De hecho, es perverso creer que a todos los niños con pensamientos o conductas atípicas de género en algún momento de su desarrollo. especialmente antes de la pubertad, hay que animarles a convertirse en transgénero.

Este artículo hecho en 2016, quería evitar todos los casos testimoniales que vemos ahora, como el de Laura, esta joven colombiana que fue masculinizada sin su consentimiento, y a sus 23 años, demandó a la Fundación Valle del Lili, por el tratamiento que recibió allí durante su adolescencia, porque habría recibido testosterona antes de la edad recomendada por los protocolos médicos.

A demás que su diagnóstico fue apresurado e inadecuado, y no fue informada sobre los riesgos reales de lo que le hicieron, según los expertos involucrados en el caso.

Hay evidencia de sobra a nivel mundial, como este caso, donde lo que menos procuraron fue el interés por el bienestar del niño y por resguardar su dignidad e integridad.

Así que, ante la evidencia y realidad objetiva, ¡no puede prevalecer la ideología!

¡Queremos ver niñas y niños felices!

Por: Valentina Veloz

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