LOS DOS SECRETARIOS DE HERNÁN CORTÉS

25.08.2026

Detrás de la figura del conquistador Hernán Cortés, cuya audacia cambió el rumbo de la Historia, se alzaron dos hombres fundamentales que, con pluma y acción, hicieron posible que lo ganado por las armas quedara registrado, legitimado y organizado. Fueron Pedro Hernández Navarrete y Alonso Valiente, dos Secretarios con perfiles distintos, pero complementarios, sin los cuales la empresa de la Nueva España habría carecido de base legal y solidez institucional.

Pedro Hernández Navarrete, nacido en Béjar, Salamanca, era notario real de profesión. Acompañó a Cortés desde el mismo momento en que partió hacia tierras desconocidas, y su labor fue decisiva desde los primeros días. En mayo de 1519, cuando la expedición apenas comenzaba, fue él quien redactó y dio fe pública al acto solemne por el cual Cortés tomaba posesión de aquellas tierras en nombre del Rey de España, separándose formalmente de la autoridad del gobernador Diego de Velázquez. Aquel documento, nacido de su pluma, transformó una expedición rebelde en una empresa al servicio de la Corona, dándole fundamento jurídico a todo lo que después sucedería. Levantó actas, certificó renuncias, recogió declaraciones de caciques y jefes indígenas, y custodió los registros más importantes de la campaña. Estuvo presente en los momentos más duros, incluido el sitio y la caída de Tenochtitlán, cumpliendo siempre con fidelidad su encargo. Navarrete fue, en palabras sencillas, la conciencia legal de la Conquista: quien convirtió en derecho lo que las armas ganaron, para que nada quedara al arbitrio o al capricho, sino bajo la autoridad y las leyes del Rey.

Más tarde llegó a la Nueva España Alonso Valiente, nacido en Medina de las Torres hacia el año 1482, pariente cercano y Secretario de confianza de Cortés. Su papel fue distinto y más amplio: no se limitó a escribir, sino que también empuñó las armas y ejerció el gobierno. Participó activamente en la conquista de Michoacán, del Pánuco y acompañó a Cortés en la difícil expedición a las Hibueras, hoy Honduras. Cuando el conquistador viajó a España para defender sus derechos ante el Emperador, dejó en Valiente a su representante legal y de confianza, encargado de velar por sus intereses y mantener el orden en su ausencia. Su labor fue tan valiosa que llegó a ser uno de los primeros alguaciles mayores de la Ciudad de México, recibió la importante encomienda de Tecamachalco y, sobre todo, pasó a la Historia como uno de los fundadores y primeros alcaldes de la ciudad de Puebla de los Ángeles, a la que ayudó a levantar desde sus cimientos. En su escudo de armas, concedido por el Rey en 1547, quedó constancia de sus servicios: haber llevado la carga de la Secretaría, haber peleado en las conquistas y haber poblado tierras nuevas en nombre de la Corona. Falleció en la Nueva España hacia 1564, dejando huella profunda en la organización y el asentamiento del nuevo reino.

Dos Secretarios, pues, para una sola empresa. Pedro Hernández Navarrete representó la ley, la fe pública y la palabra escrita que legitimaba cada paso; Alonso Valiente, la confianza familiar, la administración y la presencia activa en la guerra y en el gobierno. Ambos sirvieron a Cortés con lealtad y competencia, y ambos contribuyeron a que la Conquista no fuera sólo hazaña militar, sino obra ordenada, registrada y perdurable. La Historia ha recordado al Capitán, pero no debe olvidar que sin la pluma del Notario y sin la obra del administrador, muchos de aquellos hechos habrían carecido de validez legal y de permanencia en el tiempo. Son, por tanto, dos nombres que merecen ser recordados: uno, porque supo escribir la ley sobre la marcha; el otro, porque supo construir el orden sobre la tierra ganada. 

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