LAS SOMBRAS SOBRE EL SANTUARIO: Persecución y profanación en la profecía del Buen Suceso

02.09.2026

Nuestra Señora del Buen Suceso, en sus revelaciones a la Madre Mariana de Jesús Torres en Quito, Ecuador (siglo XVI), dejó una advertencia gravísima que resuena con fuerza en nuestros días: llegaría un tiempo en que la Fe sería combatida abiertamente, el templo profanado y los hijos de la Iglesia perseguidos sin piedad. No se trataba de un aviso lejano, sino de una realidad que, anunciada hace más de cuatro siglos, parece cumplirse ante nuestros ojos.

La Virgen anunció que, desde finales del siglo XIX y avanzado el XX, el espíritu de impureza cubriría el mundo como un mar inmundo, y junto a él, la hostilidad contra todo lo sagrado crecería sin freno. Predijo la aparición de poderes y sectas que, movidos por el odio a Dios, perseguirían a la Iglesia desde dentro y desde fuera: atacarían al matrimonio, despreciarían el sacerdocio y sembrarían la confusión para apartar a las almas de la verdad. Pero lo más doloroso de su advertencia fue la profanación de lo más augusto: la Eucaristía. "Habrá robos y profanaciones de las hostias consagradas", reveló, anunciando que el Sacramento del Amor sería tratado con ultraje, llevado en manos indignas, pisoteado y escarnecido, como si el mismo Señor volviera a sufrir los insultos del Pretorio.

La persecución, dijo, no vendría solo de fuera: muchos Sacerdotes serían traicionados, perseguidos y también corrompidos; la Fe se debilitaría incluso en los mismos templos, donde la luz se apagaría y la reverencia desaparecería. El Sumo Pontífice sufriría aflicciones y prisión, los fieles serían señalados como enemigos del orden establecido, y la ley, en lugar de protegerlos, se volvería contra ellos. Las instituciones se aliarían para arrancar de los corazones la Fe, y los niños, desde su más tierna edad, serían educados en el olvido de Dios.

Sin embargo, la profecía no termina en oscuridad. La Virgen advirtió que, cuando parezca que el mal ha triunfado y la profanación haya llegado a su límite, entonces será su hora. Ella, la Reina victoriosa, pisoteará la soberbia del enemigo, y de entre las ruinas y los altares profanados, resurgirá la Iglesia purificada, más fuerte y más Santa. Mientras llega ese día, nos toca a nosotros, fieles que vivimos en el tiempo de la prueba, reparar las ofensas, adorar al Santísimo Sacramento tan ultrajado y mantener encendida la lámpara de la Fe, sabiendo que, tras la noche más oscura, vendrá el Buen Suceso prometido por Nuestra Señora, que nunca deja de amarnos. 

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