LA MODESTIA OLVIDADA

17.08.2026

La modestia ha dejado de ser virtud para convertirse en cosa pasada. Quienes dictan las pautas del vestir se muestran complacidos por agradar a sus financieros, y lo que menos les importa es la verdadera belleza ni el sagrado recato de la mujer. Cuanto más breve, cuanto más transparente, mejor: tal parece ser la única regla. Y así, lo que comenzó como moda playera se ha instalado en las calles, fuera de tiempo y lugar, hasta volverse costumbre en la ciudad. La exhibición del cuerpo avanza sin freno, y la modestia, junto al pudor que protege la dignidad, ha sido sacrificada en cumplimiento de un programa "anti-virtudes" diseñado desde las agendas internacionales, cuyo propósito no es otro que borrar de nuestra conciencia la decencia y el respeto hacia lo sagrado del ser humano.

Al derribarse la muralla del recato, se han desbordado también los instintos. Se viste con liviandad, se ofrece la mirada sin reserva, y sin embargo se reclama que nadie mire, como si el cuerpo expuesto no hablara. Se ofenden al ser contempladas como algo más que carne, sin comprender que la forma en que se presentan ante el mundo dicta la forma en que se las percibe. ¡Pobres mujeres! Si supieran lo que en verdad piensa el hombre al ver tal desnudez, entenderían que no se atrae admiración, sino deseo pasajero y mirada vulgar. Se hacen ilusiones al pedir respeto mientras lo entregan todo al vestirse inadecuadamente, y esperan hallar un compañero leal, un hombre de bien, padre de sus hijos… sin comprender que quien respeta poco el propio cuerpo, difícilmente inspira respeto duradero.

La modestia no es prisión ni opresión: es guarda de la dignidad, es la muralla que protege el corazón y preserva, para quien debe amar en plenitud, lo que no debe exhibirse en público. Quien hoy desdeña la modestia, quizá mañana busque en vano aquel respeto que con sus propias manos ha regalado al viento. La verdadera hermosura no se desnuda para ser vista: se cubre con recato para ser amada. 

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