LA LEYENDA DEL MILAGRO DEL CRISTO DE LA VEGA

En la ciudad imperial de Toledo, florece esta historia eterna, inmortalizada por José Zorrilla. Fueron protagonistas Inés de Vargas y Diego Martínez. Ante el temor de Inés por su honor, deciden casarse; pero él debe marchar a combatir a Flandes. Para dar seguridad a su palabra, ella lo lleva ante la ermita extramuros, ante el Cristo de la Vega: Diego pone su mano sobre la imagen, y jura solemnemente que al volver se desposará con ella .
Pasan largos años de espera y lágrimas; cuando el caballero regresa ya como capitán, orgulloso y distante, niega su promesa y hasta el conocimiento de la joven. Sin testigos humanos, Inés invoca valientemente: «¡El Cristo fue testigo!» y pide justicia ante las autoridades. Todos acuden incrédulos al Santuario.
Entonces, ocurrió el prodigio que explica por qué este Crucifijo tiene su brazo derecho libre: desclavó el brazo, lo alzó y se oyó voz celestial que confirmó la verdad del juramento. Quedó manifiesto: Dios ampara al débil, y la mentira no haya refugio ante ojos eternos. Esta leyenda, llamada también a "buen juez, mejor testigo", hace que la imagen sea señal perpetua de fidelidad y justicia divina.
