HOMÚNCULO, HOMBRECITO

22.05.2026

El hombre, desde su caída en desobediencia a los mandatos de su creador, prefirió hacer caso a la voz perversa de "seréis como dioses". Causa por la que perdió el privilegio de inmortalidad y asufrimiento, (permítame el prefijo "a" con el significado de ausencia) por lo que vaga por el mundo atravesando siglos y siglos, en ocasiones reconciliado con su Creador y, en otras muchas perdido totalmente, desligado y rebelde.

¿Quién es este "homúnculo" que lleno de orgullo se siente autosuficiente, capaz de por sí mismo, aliviar todas las enfermedades y resolver los problemas que le plantea cada etapa de su existencia ya milenaria? En el siglo XIX hubo descubrimientos científicos que lo hicieron creer que las enfermedades serían cosa del pasado, que todo el sufrimiento por esta causa sería historia… La realidad es que seguimos sufriendo enfermedades y algunas de ellas desconocidas o "de nuevo cuño", el SIDA, por ejemplo.

Lo mismo pasa con las necesidades de alimentación; la población de muchas naciones sigue padeciendo hambre, mueren miles y miles de seres humanos por carecer de comida. Mientras, un puñado de seres humanos viven en la abundancia de todo tipo, sin necesidad alguna. Las explicaciones pueden ser muy variadas, pero la realidad es que el hombre, por su naturaleza caída sufre y este mundo sigue siendo un "valle de lágrimas".

La batalla milenaria del mal contra el bien seguirá hasta el fin de los tiempos; participamos en ella queramos o no queramos. Como decía San Ignacio de Loyola, nos alistamos bajo alguna de las dos banderas. Nuestra decisión es libre y personal: resistir a las corrientes del maligno o dejarnos arrastrar por la vorágine de nuestro tiempo.

Al pecado de desobediencia de nuestros Primeros Padres, Dios responde quitándonos la inmortalidad corporal y tendremos que ganarnos el pan de cada día con el sudor de nuestra frente. Caído el ser humano, se va alejando de su Señor y el pecado impera en todas partes. Dios interviene de nuevo y manda el Diluvio Universal, castigando a la humanidad entera. En su bondad infinita, perdona y vuelve a darle al hombre la "guía", por decirlo de una manera muy coloquial, para reconocerlo como su único y verdadero Dios y permanecer fiel a sus mandatos.

Este "homúnculo", necio y olvidadizo, intenta alcanzar el Cielo por sí mismo y para ello comienza la construcción de la Torre de Babel. Dios le responde, confundiéndole en la multitud de lenguas, falta el entendimiento, y al faltar éste ya no existe la unidad. Sin mí nada podéis hacer, dice el Señor.

Ahora parece, que, de nueva cuenta, volvemos a ser engañados por el maligno. Llenos de orgullo, nos sentimos semidioses, imaginando que nosotros solos podemos alcanzar la felicidad, aquí y ahora, en este mundo.

La ciencia comienza a hablar de la posibilidad de la "inmortalidad": la "criogenización" es la técnica de congelamiento de personas que esperan ser "resucitadas" en un futuro, cundo la ciencia les garantice seguir viviendo por siempre. Por fin, piensa el homúnculo, puede, sin límites darle rienda suelta a sus instintos; el placer debe de imperar por sobre todo.

Y que pensar de los últimos avances en las tecnologías de la información ¡qué impacto tendrá a nivel masivo el desarrollo de la Inteligencia Artificial, IA! Este campo que promete cambiar de fondo las estructuras sociales, en medicina, en economía, agricultura, educación etc. etc. Mi humilde opinión es que el hombre vuelve a tropezar y volverá a caer. Que Dios este siempre con nosotros.

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