HISTORIA DE UNA VIRGEN Y MÁRTIR     "SANTA INÉS"

21.01.2026

JOVEN ESTUDIANTE. PETICIÓN DE MANO

Un día, al volver de una escuela donde se educaban las jóvenes, la vio el hijo de Sinfronio, Prefecto de Roma, y al punto se enamoró de ella. Para seducirla le envió joyas; pero ella las rechazó como cosa vil. El joven no se dio por vencido, e hizo que presentaran a Inés piedras preciosas, ofreciéndole, por medio de sus amigos, palacios, quintas y una inmensa fortuna.

Dícese que Inés le envió la siguiente respuesta: Apártate de mí, tizón del infierno, incentivo de pecado, tropiezo de maldad, manjar de muerte: ya estoy prometida a otro cuyas joyas son más preciosas que las tuyas; tiene empeñada la palabra con el anillo de su fe; su nobleza, su raza y su dignidad sobrepujan en mucho a las tuyas... Ha estampado ya su signo sobre mi frente, y jamás consentiré otro amante... El cuarto nupcial está dispuesto; óyense ya los conciertos, y los cánticos son de un coro de vírgenes... Su Madre es virgen, su Padre no tiene esposa; sírvenle los ángeles, los astros le admiran; sus perfumes resucitan a los muertos; a su contacto sanan los enfermos. Yo le guardo mi fe y a Él me he entregado con amor inmenso. Amándole permanezco casta, abrazándole quedo siempre pura, y tomándole por esposo, nunca perderé mi virginidad. Después daré a luz sin dolor y mi familia aumentará cada día.

Al recibir el joven esta respuesta se apoderó de él tan ciega pasión, que le devoraba hasta el punto de caer enfermo. Los médicos manifestaron a su padre la causa del mal. Hicieron nuevas proposiciones a la virgen del Señor, pero ésta las rechazó, declarando que nada sería capaz de hacerla faltar a la palabra empeñada a su primer prometido. Convencido el Prefecto de que nada podría resistir a su dignidad, averiguó por sus espías, llamados parásitos, quién podía ser el prometido de la doncella. «Inés, le dijeron "es cristiana" y desde niña está encantada con procedimientos mágicos que la inducen a decir que Jesucristo es su esposo >>.

INÉS, ANTE EL TRIBUNAL

Encantado el Prefecto con esta noticia, le envió numerosos porteros con orden de comparecer ante su tribunal. Le hicieron secretamente magníficas promesas, y luego, terribles amenazas; más nada fue capaz de seducir a la virgen del Señor; su semblante permaneció sereno, y cuando el Prefecto intentaba conmoverla o infundirle terror, ella le miraba con cierta ironía.

Viéndose despreciado. Sinfronio llamó a los padres de Inés; más, como no podía hacerles violencia por ser nobles, habló de su profesión de cristianos y los despachó.

Al día siguiente, ordenó que Inés compareciese ante su tribunal, y al notar su perseverancia, le dijo: "¿Tú quieres conservar la virginidad? ¡Pues bien! Yo te obligaré a ir al templo de Vesta para que ofrezcas, día y noche, los venerandos sacrificios". Respondió Inés:

-Si he rechazado a tu hijo, ¡hombre vivo dotado de inteligencia!, ¿cómo te atreves a esperar que me incline ante tus dioses que no tienen vida?

-"Me compadezco de tu edad" -replicó el Prefecto Sinfronio-, reflexiona y no te expongas a la ira de los dioses. A lo cual repuso Inés: -Dios no tiene en cuenta los años, sino los sentimientos del alma. Mas estoy viendo que tratas de arrancarme lo que nunca conseguirás de mí. Pon en práctica todos los medios de seducción; todo lo puedo en Aquel que me conforta.

Agotados todos los argumentos contra la virgencita, el Prefecto amenazó enviaría a una casa pública, si rehusaba ofrecer sacrificios en el templo de Vesta. Replicó Inés con entereza: Si conocieses a mi Dios, no hablarías de ese modo. Yo conozco el poder de Jesucristo, mi soberano, y me burlo de tus amenazas. No permitirá que ofrezca sacrificios a tus dioses, y sea profanada con ninguna impureza ajena. Además, tengo por guardián de mi cuerpo a un ángel del Señor. El Hijo único de Dios, a quien tú no conoces, es mi baluarte inexpugnable, mi centinela siempre alerta, mi valeroso defensor. Tus dioses de bronce son como vasos, como ollas y calderos, tus dioses de piedra servirían para ponerlos de guardacantones. La divinidad no habita en piedras inútiles, sino en los cielos. En cuanto a ti y a tus semejantes, si no cambiáis de senda, seréis condenados al mismo castigo; y así como se echa el metal al fuego para fundir estatuas, del mismo modo seréis condenados al fuego eterno, donde padeceréis eterna confusión.

CÓMO DEFIENDE DIOS A SUS CREATURAS

Ejecutó el Prefecto su amenaza, dejando a la doncella tan sólo una túnica para cubrirse. Mas Dios velaba sobre su fiel sierva. Al entrar en el lugar de ignominia, halló al ángel del Señor, para recibirla y protegerla, rodeándola de luz tan resplandeciente que deslumbraba y la hacía invisible; era semejante al sol en todo su esplendor.

Al postrarse para invocar el nombre del Señor, vio una túnica blanquísima; se vistió en seguida, diciendo: «Gracias te doy, Señor Jesús mío, por haberme enviado este vestido en prenda del amor que tienes a tu sierva.» Y en verdad, se avenía tan perfectamente al delicado cuerpo de la virgencita, que parecía haber sido preparado por mano de ángeles.

Aquella morada de pecado habíase convertido en casa de oración. Todos los que en ella entraban se veían obligados a adorar esta manifestación luminosa del poder divino. El hijo del Prefecto, causa de tales abominaciones, quiso ir, a su vez, con algunos de sus compañeros disolutos... Pero halló a los Jóvenes que habían entrado con anterioridad, cambiados en respetuosos admiradores. Les llamó cobardes, y, burlándose de ellos, entró en el aposento donde estaba orando la virgen; vió la luz que la rodeaba, no rindió homenaje a Dios y se adelantó hasta la misma luz. Mas al intentar tocar a Inés, cayo a sus pies, ahogado por el demonio.

Uno de sus familiares, viendo que no salía, impacientado de su tardanza, entró también y le halló muerto. Salió en el acto y a gritos llamó al pueblo, a un teatro contiguo al lugar del suceso.

Unos decían: -"Esta joven es una hechicera". Otros, por el contrario: "No, que es inocente".

Al tener el Prefecto noticia de lo ocurrido, acudió también al teatro y. habiendo penetrado en el aposento donde yacía exánime el cuerpo de su hijo, gritaba irritado contra Inés:

  • "Oh. mujer cruel ¿Cómo te has atrevido a emplear en mi hijo tu arte sacrílego?"

A lo que contestó Inés: -Satanás, cuya voluntad seguía, apoderóse de él para siempre. ¿Por qué los demás que intentaron acercarse a mi, gozan de perfecta salud? Porque todos reconocieron el poder de Dios que me envió un ángel protector, me cubrió con el vestido de su misericordia y guardó mi cuerpo ofrecido y consagrado a Jesucristo desde mi cuna. Porque vieron la gloria de Cristo, salvos. Ese joven imprudente entró ciego de furor; más al extender su mano criminal el ángel del Señor le castigó con la muerte de los condenados.

"Nos convenceremos de que no te has servido de maleficios si con tus oraciones devuelves la vida a mi hijo".

La bienaventurada Inés le contestó: -Vuestra falta de fe no merece favor semejante; no obstante, bueno será que se manifieste el poder de Cristo. Salid todos de aquí, para que pueda yo hacer mis oraciones acostumbradas.

Todos salieron y, estando la virgen orando con gran fervor, se le apareció de nuevo el ángel del Señor, le infundió valor sobrenatural y resucitó al joven ... Éste, tan pronto como volvió a la vida, comenzó a gritar: -"No hay más que un solo Dios, Señor de cielos y tierra; los templos de los ídolos no valen nada; los dioses que en ellos se adoran son simulacros vanos e impotentes para ayudar a los hombres".

Al oír tales palabras, los sacerdotes paganos y los arúspices se conmovieron e incitaron al pueblo a que armase una nueva sedición. Por todas partes se oía gritar: - ¡Muera la hechicera! ¡Muera la bruja que trastorna las ideas y enloquece las inteligencias!

El Prefecto, estupefacto al ver esta agitación y temiendo comprometerse si hacia alguna demostración en contra de los sacerdotes paganos y salía en defensa de Inés, puso el asunto en mano de su vicario Aspasio y se retiró.

MARTIRIO DE SANTA INÉS Y SANTA EMERENCIANA

Aspasio, habiendo hecho encender una gran hoguera, mandó arrojar a la virgen en medio de las llamas. Cumplióse la orden, más éstas se separaron en dos partes; abrasaron al pueblo amotinado, y dejaron a Inés perfectamente ilesa. También esta vez atribuyeron el prodigio, no a la protección del Cielo, sino a los encantamientos de la virgen, por lo que proferían incesantes vociferaciones.

En medio de las llamas Inés exclamaba: - ¡Oh Dios! Omnipotente, adorable, terrible y digno de todo respeto, os alabo y doy gracias, pues, por mediación de vuestro Hijo Jesús, me habéis librado del peligro, y he menospreciado las impurezas de los hombres y las asechanzas del demonio. Me habéis enviado por vuestro Espíritu Santo un rocío refrigerante; el fuego no me ha consumido y el ardor de las llamas se ha vuelto contra los que las encendieron. Os bendigo, ¡Oh Padre! digno de ser aclamado por todo el mundo, por permitirme llegar con valor hasta Vos, a través de estas llamas. Ahora veo lo que antes había creído; poseo lo que había esperado; abrazando estoy lo que había deseado. Mis labios Os confiesan. Os amo con todo mi corazón y de lo íntimo de mi alma. Yo vengo a Vos, verdadero Dios, Dios eterno y Dios vivo, que con vuestro Hijo y el Espíritu Santo vivís en los siglos de los siglos. Amén.

Acabada esta oración se apagó el fuego de modo que no quedó rastro de él. Mas Aspasio, por sosegar al pueblo que andaba inquieto y se alborotaba, mandó que traspasasen la garganta de la Santa con una espada; de este modo Inés fue ofrecida a Cristo como esposa y como mártir con la sangre virginal que por Él derramó.

Sus padres, sin pesar, antes bien con alegría, transportaron el cuerpo de Inés a su quinta situada en la Vía Nomentana, no lejos de la ciudad. Los acompañó una muchedumbre de cristianos, que hubo de aguantar ciertos desmanes de los paganos. La mayor parte de los fieles huyeron al ver que obstante, Emerenciana, hermana de leche de Inés, permaneció impávida a pesar de los golpes.

Emerenciana, virgen inocente, aunque no era todavía más que catecúmena, decía a los paganos:

-"Sois unos miserables y salvajes, matáis a los que adoran al verdadero Dios y degolláis a personas inocentes para defender a vuestros dioses de piedra".

Estaba aún hablando cuando la apedrearon, y entregó su alma al Creador junto a la tumba de su bienaventurada amiga. Así, pues, Emerenciana fue bautizada con su propia sangre derramada por la gloria de Dios y la fe de Nuestro Señor Jesucristo.

En aquel momento estalló espantosa tempestad y el rayo mató a algunas de aquellas mujeres impías que habían asesinado a Emerenciana. Cuando llegó la noche, varios Sacerdotes y los padres de Inés dieron sepultura a esta nueva mártir junto a la tumba de su hija.