Gobierno británico presenta proyecto para administrar bloqueadores de pubertad a menores de edad

28.11.2025

El Gobierno británico ha presentado un plan para realizar un ensayo clínico nacional que ofrecería bloqueadores de la pubertad a niños "transgénero" desde los diez años. La propuesta, descrita por The Catholic Herald como un experimento temerario, ha despertado preocupación tanto en ámbitos católicos como seculares. Y no es para menos: frenar el desarrollo natural de un menor que apenas domina la escritura es una intervención extrema que cualquier sociedad responsable debería cuestionar con firmeza.

La iniciativa pone de manifiesto la voluntad del Ejecutivo de Keir Starmer de avanzar en una agenda ideológica que ignora repetidas advertencias médicas y éticas. Padres, profesionales sanitarios y, especialmente, la Cass Review han subrayado que no existe una base científica suficiente para aplicar estos tratamientos hormonales en la infancia. Aun así, el Gobierno parece convencido de que la respuesta al desasosiego infantil es farmacológica, aunque un niño de diez años no pueda comprar una bebida energética o pedir cita con el médico sin supervisión adulta.

Proponer que un menor acceda a un fármaco capaz de alterar su desarrollo sexual, óseo y neurológico resulta contradictorio incluso para un Gobierno que presume de rigor científico. La decisión revela una sorprendente ligereza ante los riesgos, presentando como "progreso" lo que en realidad constituye una intromisión médica injustificada en cuerpos sanos en nombre de la ideología.

Pubertad: un proceso esencial que no puede ponerse en pausa

El discurso oficial intenta justificar los bloqueadores como una "pausa" que daría tiempo para reflexionar. Pero la pubertad no funciona como un aparato con botón de detener y reanudar. Es un proceso biológico integral que moldea la formación física y psicológica del adolescente. Interrumpirlo de forma químicamente inducida no solo es antinatural: puede generar daños duraderos que aún no comprendemos plenamente.

Tampoco puede justificarse en nombre del consentimiento informado. El sistema británico reconoce la llamada "competencia Gillick", pero está pensado para situaciones muy concretas, y rara vez —si es que alguna— se concede a un niño de diez años. A esa edad no están preparados para evaluar tratamientos hormonales experimentales con efectos irreversibles. Precisamente por esa fragilidad, la infancia necesita protección, no experimentación biomédica.

El precedente internacional y los primeros testimonios de daño

Mientras Reino Unido se adentra en este terreno incierto, otros países han hecho justamente lo contrario. Estados Unidos, Suecia y Finlandia han restringido o detenido el uso de bloqueadores en menores por falta de evidencia y por los riesgos de daño psicológico y físico. Además, crece el número de jóvenes "de–transicionadores" que afirman haber sido empujados a intervenciones médicas sin la suficiente valoración clínica.

Estas historias comparten un patrón preocupante: evaluaciones rápidas, dudas desoídas y problemas de salud mental no tratados. Si el Reino Unido sigue adelante, corre el riesgo de multiplicar esos testimonios, esta vez en personas que comenzaron tratamientos disruptivos aún más jóvenes.

La visión católica frente al experimentalismo ideológico

La tradición católica ofrece una visión diametralmente opuesta: el cuerpo no es un objeto a reparar, sino parte esencial de la dignidad humana. La identidad no se fabrica ni se altera químicamente. La pubertad cumple un papel insustituible en el proceso de maduración; tratarla como un mal funcionamiento a corregir es falsear la naturaleza misma del desarrollo humano.

El Gobierno intenta equiparar este ensayo a los tratamientos hormonales aplicados en casos de enfermedades genéticas o endocrinas graves. Pero comparar la intervención terapéutica para corregir un trastorno real con suprimir la pubertad de un niño sano por trastornos psicológicos es una distorsión clínica. Los contextos son completamente distintos, y también lo son las implicaciones éticas.

La Cass Review, el cierre de la Tavistock Clinic y el consenso creciente entre expertos deberían ser señales suficientes para detener cualquier experimento similar. Responder a esas advertencias bajando aún más la edad de los participantes es imprudente y peligrosamente irresponsable.

Fuente: https://infovaticana.com/2025/11/28/reino-unido-alarma-ante-el-plan-del-gobierno-de-administrar-bloqueadores-de-la-pubertad-a-ninos-de-diez-anos/