EL HOMBRE QUE CAMBIÓ LA SILLA POR EL HÁBITO: EL PRIMER CHARRO MEXICANO

Se trata de don Sebastián Aparicio Prado, reconocido como el primer charro de nuestra tierra y fundador de la primera ruta de transporte regular entre Veracruz y la Ciudad de México. Al llegar a estas tierras en los primeros años de la Nueva España, vio que los pueblos originarios eran obligados a cargar pesadas mercancías sobre sus espaldas, sometidos a un sufrimiento innecesario. Movido por su compasión y su Fe, decidió poner fin a ese gran esfuerzo: adquirió caballos y mulas, organizó caravanas ordenadas y estableció el servicio de arriería, con el que protegió y dio origen a la tradición del jinete mexicano, con su vestimenta, su destreza y su respeto por el animal y el camino.
Con el paso del tiempo, habiendo cumplido esa misión y habiendo sembrado el orden y la justicia en los caminos, sintió que Dios le llamaba a algo más grande. Dejó sus bienes, su oficio y su posición, y tomó el hábito de la Orden de los Frailes Menores de San Francisco. Vivió el resto de sus días en humildad, oración y servicio a los más pobres, imitando la sencillez y el amor al prójimo del Santo de Asís.
Al fallecer, su cuerpo fue sepultado en la ciudad de Puebla. Años después, al abrirse su tumba, se halló sin signos de corrupción, conservando su aspecto y su integridad corporal, un signo que la Iglesia ha considerado como testimonio de santidad. Así, quien primero defendió la dignidad del hombre con la montura y el camino, terminó ofreciendo su vida entera al servicio de Dios, siendo su memoria un puente entre la identidad de nuestra tierra y la fe que la sostiene.
