¡DEJAR DE FUMAR… SÍ SE PUEDE!

22.06.2026

Nadie llega al mundo con un hábito formado, pero sí nacemos con una tendencia natural a desarrollar vínculos fuertes con aquello que nos atrae: un vicio en potencia. El fumador, igual que el bebedor, no se hace de la noche a la mañana; comienza generalmente en la adolescencia, cuando la curiosidad, la imitación y la necesidad de sentirse parte de un grupo abren la puerta. Curiosamente, para quien tiene al tabaco como pasión principal, dejar la bebida suele resultarle más sencillo —y ocurre lo contrario si el dominio lo tiene el alcohol—. No se trata solo de fumar o beber: la lista es amplia y variada. Están las drogas, la ludopatía, quienes dedican todo su tiempo y dinero a coleccionar sellos, libros o monedas, y cualquier otra debilidad a la que la persona sienta afinidad y que, poco a poco, se le convierta en vicio.

Ante la pregunta: ¿es posible dejarlo? Todos responden que sí; sin embargo, la experiencia enseña que no es cuestión de voluntad solamente, sino de convencimiento. Muchos dicen que abandonar un vicio es fácil, y añaden con media sonrisa: "yo ya lo he dejado mil veces". La dificultad radica en sostener la decisión en el tiempo. También hay que tener cuidado con lo que se llama "vicio sustituto": al dejar una costumbre dominante, se corre el riesgo de adoptar otra distinta que termine por enfermarte igual o peor.

Hay una verdad dura pero real: quien padece cáncer por fumar es alguien que nunca debió haber encendido el primer cigarro; quien muere por alcoholismo, nunca debió haber bebido; y quien deja de comer o descuida su hogar solo para adquirir otro libro o moneda, nunca debió haber permitido que esa afición pasara de ser un gusto a ser una necesidad desmedida.

Todo ser humano debe aprender a identificar cuál es su vicio dominante, aquello que más fácilmente lo atrapa. Cuando se logra ese reconocimiento y se tiene la convicción profunda de soltarlo, entonces sí se abre el camino: dejar de fumar —o cualquier otra dependencia— es posible, porque la fuerza no viene solo de la voluntad, sino de la certeza de querer recuperar el control total sobre la propia vida. 

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