ESPIRITUALIDAD
CURACIONES Y MILAGROS DEMOSTRADOS POR LA CIENCIA Y LA IGLESIA
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

La Virgen de Lourdes es una de las advocaciones de la Virgen María más veneradas del mundo entero. Su historia comienza el 11 de febrero de 1858 en Lourdes, Francia.
Bernadette Soubirous era entonces una niña de catorce años, pobre e ignorante, pero muy devota de la Virgen María y el Rosario. Bernadette fue a un lugar llamado Massabielle a recoger leña con su hermana y otra niña, pero al tener que cruzar un río, se quedó atrás debido a su salud delicada.
Bernadette estaba cerca de una gruta cuando escuchó un ruido y sintió un viento. La sorprendió la aparición de una nube dorada y una mujer vestida de blanco. La mujer llevaba los pies descalzos y sobre cada uno tenía una rosa dorada. En la cintura llevaba una cinta azul ancha. En las manos, juntas y posición de oración, llevaba un rosario.
Ante la aparición de la señora, la reacción de Bernadette fue comenzar a rezar el Rosario. Según algunas versiones de esta historia, cuando Bernadette rezaba las Avemarías del Rosario, la señora no decía nada y solo pasaba las cuentas. Cuando rezaba los Padres Nuestros y las Glorias, la mujer rezaba a la vez que ella. Cuando Bernadette terminó de rezar, la señora regresó a la gruta y desapareció.
Bernadette contaba que ella no sintió miedo al ver a la señora sino que hubiera deseado quedarse contemplándola por siempre. Sin embargo, cuando regresó a su casa y su madre se enteró de lo sucedido, no le creyó.
Le prohibió volver, pero a los pocos días le permitió a Bernadette regresar a la gruta. La señora se le apareció otra vez. Esta vez Bernadette fue acompañada de otras personas.
Para comprobar si era cierto lo que veía, Bernadette le lanzó agua bendita a la señora y le pidió que si venía en nombre de Dios, diera un paso adelante.
La señora dio un paso.
Más tarde pudo convencer a su padre de que la dejara regresar a la gruta y él le permitió ir el 18 de febrero.
Fue durante esta tercera aparición del 18 de febrero que la Virgen le pidió a Bernadette que regresara durante quince 15 seguidos. Le habló en su propio dialecto gascón, y se dirigió a ella usando el "usted" (voi) de cortesía. Le dijo: "¿Me haría usted el favor de venir aquí durante quince días?". También le prometió que sería feliz en el otro mundo.
Algunos que escucharon de las apariciones, creyeron en el suceso y acudieron a la gruta. Otros se burlaron de Bernadette y lo que parecía una creación de su imaginación. El 25 de febrero, Bernadette escarbó en la tierra para buscar un manantial que la señora le indicó y tomó del agua con tierra que pudo sacar.
Bernadette fue motivo de las burlas de muchos al ensuciarse con lodo la cara por obedecer el mandato de la señora de que se lavara en el manantial que aún no había aparecido completamente. Poco después brotaron las aguas del manantial milagroso, que desde entonces han sido vehículo de muchos milagros certificados por la Iglesia Católica.
Las apariciones continuaron. La señora animó a Bernadette a rezar por los pecadores y pidió que se construyera una capilla en ese lugar.
También le pidió a Bernadette que besara la tierra como acto de penitencia y signo de humildad, una práctica que continúa hoy en día en Lourdes.
El 25 de marzo de 1858 la señora apareció por decimosexta vez. Fue entonces cuando Bernadette le preguntó 4 veces quién era y ella por fin le respondió que era la Inmaculada Concepción. Por ser Bernadette una joven analfabeta y sin acceso al dogma católico de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, que había sido proclamado el 8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX, estas palabras permitieron que, por fin, el sacerdote de su parroquia le creyera.
El 7 de abril, Bernadette permaneció en éxtasis durante la aparición de la Virgen, aún cuando la vela que sostenía le alcanzó las manos y se mantuvo encendida en ellas sin quemárselas.
La Virgen se le apareció por última vez a Bernadette el 16 de julio de 1858.
Sus apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de enero de 1862.
LA HISTORIA DE GRANDES CONVERSOS
SAN AGUSTÍN
PECADOR CONVERTIDO A DOCTOR DE LA IGLESIA

San Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, África del Norte, hijo de Patricio, pagano, y de Santa Mónica, cristiana fervorosa. Desde niño recibió el sello de la Fe, pero al crecer, su brillante inteligencia y su búsqueda de sabiduría lo alejaron de Dios. Estudió retórica y filosofía en Cartago, abrazó la secta de los maniqueos, vivió una vida desordenada y confiando solo en su razón, se creyó sabio mientras se sentía vacío por dentro. Huyó a Roma y luego a Milán, siempre perseguido por las oraciones y lágrimas de su madre, que no cesaba de pedir por él.
En Milán, al escuchar las predicaciones del Obispo San Ambrosio, comenzó a comprender que la verdad que buscaba estaba en Cristo. Leía a los filósofos y las Escrituras, y cada día sentía que su corazón, inquieto y rebelde, era atraído por una Gracia que no era suya. Luchó largamente: decía que no podía renunciar a sus pasiones, y se postergaba una y otra vez. Hasta que, en el año 386, en un momento de angustia y llanto en un jardín, escuchó una voz que le decía: «Toma y lee». Abrió al azar la Biblia y leyó las palabras de San Pablo que lo llamaban a abandonar la vida de pecado. Aquel instante fue su conversión: la luz de Dios penetró en su mente y en su corazón, y comprendió al fin que «tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé». Pidió el bautismo, que recibió de manos de San Ambrosio en la Pascua del año 387, junto con su hijo Adeodato y su amigo Alipio.
Regresó a África, repartió sus bienes a los pobres y vivió en comunidad. Fue ordenado Sacerdote y luego Obispo de Hipona, donde sirvió a su grey durante treinta y cuatro años. Predicó, corrigió errores, defendió la Fe contra las herejías —el maniqueísmo, el donatismo y el pelagianismo— y escribió obras que son verdaderos pilares del pensamiento cristiano: las Confesiones, donde narra su camino y alaba la misericordia de Dios; La Ciudad de Dios, que explica la historia humana bajo la providencia divina; y Sobre la Trinidad, entre muchos otros tratados, sermones y cartas. Su enseñanza sobre la Gracia —que Dios mueve al hombre para que se convierta y que nadie puede gloriarse de sí mismo— ha iluminado a la Iglesia por más de mil seiscientos años.
Por la santidad de su vida, por la profundidad de su doctrina y por haber iluminado con su ingenio y su palabra la verdad revelada, fue reconocido como Doctor de la Iglesia —con el título de Doctor Gratie— siendo uno de los cuatro grandes Padres y Doctores de la Iglesia Latina. El Papa Bonifacio VIII lo proclamó oficialmente en 1295, reconociendo que nadie como él supo unir la Fe y la razón, y mostrar que nuestro corazón estuviese inquieto hasta que descanse en Dios.
Murió el 28 de agosto del año 430, mientras la ciudad de Hipona era sitiada por los bárbaros. San Agustín permanece como el ejemplo más luminoso de que ninguna distancia es demasiado lejana para la misericordia de Dios: donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia, y aquel que se creyó sabio, terminó siendo el más humilde discípulo de Cristo.
G. K. CHESTERTON
VALIENTE ADALID DEL CATOLICISMO

Nacido en Londres en 1874, Gilbert Keith Chesterton comenzó su camino en un ambiente anglicano y abierto a dudas modernas, hasta que la búsqueda sincera de la verdad, el sentido común profundo y la lógica implacable, lo llevaron a abrazar la Fe Católica en 1922. Desde entonces, se erigió como uno de sus defensores más brillantes, vigorosos y queridos frente a los errores, escepticismo y reduccionismos de su época.
Dotado de genio literario, ingenio desbordante y una sabiduría que unía la sencillez con la profundidad, usó su pluma, afilada pero amable, como espada y escudo. Autor inmenso —creador del Padre Brown, obras cumbre como Ortodoxia o El hombre eterno—, desmanteló falacias del liberalismo, racionalismo, pesimismo y materialismo, demostrando que la Fe Católica no es oscuridad ni ataduras, sino luz plena, armonía y libertad verdadera para la razón y el corazón humano.
Lejos de ser un teólogo de gabinete, fue un luchador público, alegre y sin descanso, que supo presentar el Catolicismo no como algo lejano o complicado, sino como la única respuesta lógica y feliz a los grandes enigmas de la existencia. Respetado incluso por sus adversarios, su legado perdura: sigue siendo maestro insuperable, defensor intrépido y testigo gozoso del pensamiento católico ante el mundo moderno.
ALEXIS CARREL
PREMIO NOBEL EN FISIOLOGÍA Y MEDICINA EN 1912

Alexis Carrel Biólogo, médico, investigador científico, eugenista y escritor francés. Por sus contribuciones a las ciencias médicas fue galardonado con el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1912.
En Francia, fue honrado con la Ordre national de la Légion d'honneur (Orden de la Legión de Honor). Fue miembro de la Accademia de Lincei (Pontificia Academia de Ciencias). En mayo de 1902 fue testigo ocular de una curación extraordinaria en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, lo cual significó el comienzo de un cambio progresivo en su vida, que lo llevó del escepticismo a la fe. Hoy es considerado uno de los conversos más famosos de Lourdes.
EL MILAGRO DE LOURDES
Nacido en Francia en 1873, Alexis Carrel brilló desde joven en la Medicina y Cirugía; educado inicialmente en la Fe Católica, se alejó hacia el agnosticismo, confiando solo en la razón y la ciencia exacta. En 1902, como médico joven y crítico, acompañó por azar una peregrinación a Lourdes, decidido a comprobar que las curas eran ilusiones. Examinó a Marie Bailly, enferma terminal de peritonitis tuberculosa: su estado era irrecuperable, sin explicación médica posible.
Ante sus ojos, tras ser tratada con agua de la gruta, la curación ocurrió en minutos: inflamación, fiebre y dolor desaparecieron totalmente; Carrel lo registró con rigor, sin hallar lógica biológica. Ese hecho le marcó el alma: "Si sana, creeré", había dicho, y vio cumplido lo imposible. Aunque sufrió rechazo profesional y se exilió luego en EE.UU., donde ganó el Premio Nobel en 1912 por sutura vascular, nunca olvidó la evidencia. Tras 25 años de reflexión honesta, regresó plenamente a la Fe Católica, confesó su creencia en Dios, en la Iglesia y en la Revelación, y recibió auxilios sacramentales al morir en 1944. Su libro Viaje a Lourdes conserva su testimonio: ciencia recta y humilde puede hallar la verdad sobrenatural sin renunciar a su dignidad.
Julius H. Comroe, profesor emérito del Instituto de Investigación Cardiovascular de la Universidad de California en San Francisco, escribió:
Carrel ganó el Premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1912, y no lo ganó por alguna investigación oscura y esotérica, sino «en reconocimiento a su trabajo acerca de la sutura vascular, y del trasplante de vasos sanguíneos y de órganos». Entre 1901 y 1910, Alexis Carrel, realizando experimentos con animales, efectuó todas las acciones y desarrolló todas las técnicas conocidas hoy en cirugía vascular (...).2
REY RECAREDO
EL REY HISPANO QUE LOGRÓ LA CONVERSIÓN Y LA UNIDAD EN LA FE

El Rey Recaredo ocupó el trono de los Visigodos en el año 586, heredando un reino dividido: su pueblo profesaba el arrianismo, mientras que la inmensa mayoría de la población hispana era católica, creando brechas profundas, desconfianza y debilidad política y religiosa. Con sabiduría, valentía y sincera convicción, tomó la decisión trascendental que marcaría para siempre la historia de España: renunció al arrianismo y abrazó íntegramente la Fe Católica.
Consumó este gran acto público y solemne en el Tercer Concilio de Toledo, año 589. Allí, junto a Obispos, nobles y su corte, profesó la verdad sobre la Santisima Trinidad, la divinidad plena de Cristo y la unidad sustancial, sometiendo su juicio y autoridad a la doctrina de la Iglesia y al Romano Pontífice. Impulsó la paz espiritual y civil: ya no hubo dos pueblos ni dos leyes religiosas, sino una sola nación en una sola confesión legítima: la Católica.
No usó violencia ni imposición tiránica: guio con su ejemplo personal, promovió la reconciliación, protegiendo los bienes y dignidad eclesiásticos, corrigiendo abusos y afirmando la autoridad de los Concilios. Recaredo pasó a la historia como Monarca ejemplar: su reinado fundó la unidad espiritual de la Península, unió destino y Fe, demostrando que la verdadera fortaleza se apoya en la justicia y en la fidelidad sin reservas a la Iglesia de Cristo.
MORTIMER JEROME ADLER
NUNCA ES TARDE PARA TENER UN ENCUENTRO CON LA FE

Mortimer Jerome Adler, nacido en Nueva York en 1902, fue pensador de talla universal, maestro de la sabiduría, editor y profesor distinguido, formado en la Filosofía clásica y el pensamiento perenne. De origen judío, se dedicó durante décadas al estudio de la verdad, la razón, la ética y los grandes libros de la tradición occidental, admirando profundamente la Teología y la doctrina de la Iglesia católica, aunque permaneció fuera de ella, considerándose un buscador sincero, pero aún no listo para dar el paso definitivo.
Su camino fue paciente, reflexivo y libre de prisas intelectuales. A lo largo de su madurez, profundizó en la doctrina Católica, apreció su solidez lógica y belleza, pero esperó hasta haber madurado cada convicción, sin ceder ante modas ni presiones. Ya en edad muy avanzada, tras años de búsqueda honesta y oración silenciosa, culminó su recorrido espiritual: a los 95 años, en 1997, abrazó públicamente la Fe Católica, en un acto sereno y pleno que sorprendió por su tardanza pero que reveló la integridad de su alma.
Esta conversión no fue casualidad ni debilidad: coronó toda una vida de pensamiento recto y humilde reconocimiento de los límites de la sola razón. Adler demostró que nunca es tarde para acoger la Verdad; que la inteligencia y la Fe son aliadas, y que la Gracia sabe esperar hasta que el corazón está totalmente dispuesto y convencido. Murió fiel a la Iglesia, dejando ejemplo insigne de lealtad intelectual y humildad evangélica.
MARSHALL MCLUHAN
SABIO CATÓLICO Y PROFETA DE LA "ALDEA GLOBAL"

Marshall McLuhan, nacido en Canadá en 1911, fue un intelectual inquieto. Pasó por el agnosticismo hasta que el 24 de marzo de 1937 entró en la Iglesia Católica, confesando: "Llegué de rodillas; es la única forma". Su Fe no fue adorno: estructuró todo su pensamiento, de raíz tomista y realista.
Profesor en Toronto, formuló el célebre: "El medio es el mensaje", explicando que la tecnología no es sólo herramienta, sino moldeadora de mente, sentidos y cultura; acuñó "aldea global", anticipando décadas antes la red e interconexión mundial. Fue gran analista de la imprenta y la era electrónica, siempre con mirada integral, cristiana y crítica ante el entorno que creamos.
Lejos de entusiasmo ciego, examinó luces y sombras; su teología iluminó la Comunicación como extensión humana, reflejo del Verbo Divino. Falleció en 1980, enterrado en tierra consagrada ; hoy sigue sorprendiendo: pensador de vanguardia, profundamente fiel a la tradición perenne, que supo leer el mundo moderno desde la Fe Católica .
TOMÁS MERTON
DEL VACÍO A LA LUZ ETERNA

Nació en Francia (1915), hijo de artistas, quedó huérfano muy joven y vivió años dispersos en Inglaterra, Francia y EE.UU., buscando sentido en cultura y placeres, más sintiendo profundo vacío interior. Todo cambió en la Universidad de Columbia cuando leyó El Espíritu de la Filosofía Medieval, de Gilson, que le reveló la solidez de la Fe Católica, no como superstición, sino sabiduría profunda. Le guiaron también lecturas de San Agustín, la Imitación de Cristo de Thomas Kempis y el consejo inesperado de un maestro hindú de volver a sus raíces cristianas.
Poco a poco, su inteligencia y corazón se abrieron. Comenzó a asistir a Misa, a estudiar la Verdad Revelada y, el 16 de noviembre de 1938 recibe el Bautismo en Nueva York, acto que transformó su existencia. Quiso primero ser Franciscano, pero al confesar su pasado desordenado, no fue aceptado; luego halló su camino en el silencio y penitencia Trapense. En diciembre de 1941 ingresa al Monasterio de Getsemaní, Kentucky, buscando ocultamiento y oración profunda.
Escribió La montaña de siete pisos, memoria universal de su paso por el pecado y duda, hasta la paz cristiana. De intelectual escéptico y errante, se convirtió en monje, maestro y místico del siglo XX, testigo de que la Gracia rompe todo obstáculo y llena el alma sedienta de Dios.
JOHN HENRY NEWMAN
DE LA FE ANGLICANA A LA FE CATÓLICA

Nació en Londres en 1801, creció en la fe anglicana y a los 15 años experimentó un primer encuentro profundo con Dios. Se ordenó sacerdote de la Iglesia de Inglaterra, brilló en Oxford y lideró el Movimiento de Oxford, buscando restaurar la antigüedad y santidad en su comunidad eclesial. Al profundizar en los Padres de la Iglesia, comenzó a notar brechas insalvables; su famoso Tract 90 fue rechazado, quedando aislado y comprendió que el anglicanismo no era la Iglesia plena y unitaria de los orígenes.
Se retiró a Littlemore para orar, estudiar y escribir sobre el desarrollo de la doctrina, convencido paso a paso por la verdad ininterrumpida de la Tradición. El 9 de octubre de 1845, tras años de lucha, fidelidad a su conciencia y gran sacrificio personal —perdió puesto, amigos y prestigio— fue recibido solemnemente en la Iglesia Católica.
En Roma fue ordenado sacerdote, fundó el Oratorio en Inglaterra y años más tarde León XIII lo elevó a la dignidad cardenalicia. Su Apología pro vita sua narra este trayecto leal, sin rencores, movido solo por buscar la Verdad donde reside la unidad católica. Fue canonizado en 2019, sigue siendo maestro de Fe y razón.
KATHARINE LUCY MARY WORSLEY
LA HISTORIA REAL DE LA CONVERSIÓN DE LA DUQUESA DE KENT

Katharine Lucy Mary Worsley nació en Yorkshire, se formó en la fe anglicana tradicional y contrajo matrimonio en 1961 con el Duque de Kent, primo de la reina Isabel II. Tras años de búsqueda espiritual profunda y discreta, dio paso a un hecho sin precedente en tres siglos: fue recibida solemnemente en la Iglesia Católica en enero de 1994, contando con el respaldo personal de la Monarca y bajo la guía del cardenal Basil Hume.
Su decisión fue íntima y firme: confesó sentirse atraída por la solidez, guía y seguridad espiritual que la fe católica le ofrecía, al decir: "Me encantan las pautas y la Iglesia las da". Rompía así siglos de barreras protestantes dentro de la realeza británica, siendo el primer miembro de la familia real en abrazar el catolicismo desde el siglo XVII . No fue gesto político, sino respuesta del alma; además, influyó en otros familiares, como su hijo y nietos, que siguieron su camino.
Compaginó su elección con obras de caridad silenciosa: ayuda a enfermos, presencia en Lourdes y escucha a personas en crisis. Más tarde se alejó del protocolo para vivir su fe con sencillez y libertad. Su funeral en la Catedral de Westminster fue el primero de naturaleza católica para la realeza en la era moderna, sellando un trayecto de coherencia y paz interior que transformó su existencia y rompió viejos prejuicios en Europa.
JOHN MOODY
CONVERSIÓN DESDE LA ECONOMÍA

John Moody, el hombre que fundó la célebre Agencia de Calificación Financiera que lleva su nombre, y transformó para siempre el mundo de las inversiones, fue también un buscador incansable de la Verdad que, tras más de cuarenta años de recorrido intelectual, halló en la Iglesia Católica la respuesta, que ni la economía, ni la filosofía le habían dado. Criado en la confesión episcopal, pronto la abandonó para sumergirse en el estudio de sistemas económicos, teorías sociales y corrientes filosóficas, sin encontrar reposo duradero. El punto de inflexión llegó en Viena, donde asistió a una Misa en la Catedral y, empujado por la multitud, se arrodilló involuntariamente; ese gesto le reveló una presencia real que no comprendía pero que le conmovió hondamente.
De regreso a Nueva York comenzó una búsqueda meticulosa, reacia a dejarse influir por nadie, hasta que la lectura de obras como las de Fulton Sheen y el estudio de Santo Tomás de Aquino le mostraron la solidez racional de la Fe católica. Recibió la entrada en la Iglesia y, lejos de mantener su conversión en reserva, la hizo pública y la narró en su libro Mi largo camino a casa. Su compromiso espiritual se tradujo pronto en servicio: fue Vicepresidente de la Liga Nacional de Conversos Católicos de Nueva York, más tarde conocida como "Asociación de San Pablo", un grupo que reunía a hombres y mujeres que, como él, habían llegado al catolicismo tras recorrer caminos diversos.
La asociación tomó por Santo Patrono a San Pablo, el perseguidor convertido en Apóstol, como símbolo de que nadie está fuera del alcance de la Gracia y de que la inteligencia, lejos de oponerse, puede conducir a la Fe. Moody animó a otros conversos, compartió su experiencia en revistas católicas y sostuvo que la verdadera economía descansa sobre principios morales que solo la Fe ilumina.
Murió en 1958, como caballero de la Orden del Santo Sepulcro, dejando una lección que suele olvidarse: fue el creador de uno de los instrumentos más influyentes de las finanzas modernas y vivió sus últimos años convencido de que lo más importante no son los índices ni las calificaciones, sino el reconocimiento de Aquél que es la Verdad misma.
Su vida recuerda que la conversión no tiene edad ni profesión, y que el espíritu de San Pablo —transformar el mundo desde la fidelidad a Cristo— animó también a este hombre de negocios que halló su hogar en la Iglesia.
SAULO DE TARSO
DE PERSEGUIDOR FEROZ AL APÓSTOL DE LOS GENTILES

Saulo de Tarso nació en el seno de una familia farisea estricta, formado en la ley y el celo religioso. Convencido de combatir una herejía, actuó como delegado del Sanedrín: persiguió con furia a los seguidores de Jesús, asintió al martirio de San Esteban, irrumpió en hogares y cárceles, recorriendo caminos para exterminar a la Iglesia naciente. Su voluntad era firme, su convicción ciega, sin imaginar que la Verdad misma lo esperaba en el trayecto.
El suceso decisivo ocurrió en el camino hacia Damasco: una luz deslumbrante cayó sobre él desde el cielo; escuchó la voz inconfundible que le preguntaba: "¿Saulo, por qué me persigues?". Quedó ciego, humillado y desarmado en su orgullo; comprendió que luchaba contra Dios mismo. Recuperó la vista por medio de Ananías, recibió el bautismo y su mundo se transformó de raíz: el celo destructor se trocó en amor ardiente e inquebrantable a Cristo.
El antiguo perseguidor pasó a ser vaso elegido: San Pablo se convirtió en el gran Apóstol de los gentiles, llevando el Evangelio más allá de las fronteras de Israel. Recorrió imperios, fundó comunidades, escribió cartas que son columna de la Fe, soportó azotes, naufragios, prisiones y fatigas sin desmayar. Su vida es lección eterna: ninguna obstinación resiste a la Gracia; nadie está lejos de Dios, que convierte al enemigo en testigo fiel y maestro de la caridad infinita.
¡Pidamos humildemente a Dios la Gracia y Él nos la dará!
MEL GIBSON
EL RETORNO A LA FE EN EL CATOLICISMO TRADICIONAL

Mel Gibson nació en seno católico, bajo la influencia de su Padre Hutton, firme defensor de la antigua disciplina y crítico decidido de las corrientes modernistas dentro de la Iglesia. Recibió la formación propia de antes del Concilio Vaticano II: Misa en latín, doctrina clara y devociones sólidas. Al alcanzar fama mundial, se fue alejando paulatinamente de la práctica religiosa, vivió etapas de desorden y crisis, enfrentando graves dificultades personales y dura lucha contra el alcoholismo.
Este sufrimiento y vacío lo llevaron a buscar de nuevo la Verdad y refugio en Dios. Su retorno no fue hacia formas renovadas, sino a la integridad perenne de la Fe: recuperó la antigua liturgia, la sana Doctrina y la Tradición intacta, rechazando novedades que considera desviaciones o debilitamientos. Estudia profundamente las Escrituras, centró su espíritu en la Pasión de Cristo y reafirma: "Sencillamente soy católico de siempre". Construyó capilla propia en Malibú, donde se celebra el rito tridentino en latín, sin concesiones al espíritu del mundo. Su obra monumental La Pasión de Cristo nace precisamente de esta Fe madurada, purificada y consolidada tras años de silencio, oración y firme adhesión a lo inmutable. Para Gibson, la Iglesia no debe adaptarse a los tiempos, sino mantener incólume el Depósito sagrado recibido de los Apóstoles.
CARLO ACUTIS

Carlo Acutis fallece a tan sólo 15 años de edad a causa de una leucemia fulminante, dejando en la memoria de todos los que le han conocido un gran vacío y una profunda admiración por el que ha sido su breve y a la vez intenso testimonio de vida auténticamente cristiano. Desde que recibió la Primera Comunión a los 7 años de edad nunca ha faltado a la cita cotidiana con la Santa Misa. Siempre, antes o después de la celebración eucarística, se quedaba delante del Sagrario para adorar al Señor realmente presente en el Santísimo Sacramento. La Virgen era su gran confidente y nunca dejaba de honrarla rezando cada día el Santo Rosario. La modernidad y la actualidad de Carlo conjugan perfectamente con su profunda vida eucarística y devoción mariana, que han contribuido a que llegase a ser un chico muy especial al que todos admiraban y amaban.
Del Prólogo de S.E. Michelangelo M. Tiribilli
Para más información: www.carloacutis.com

