ENTRE EL REFLEJO DE SÍ MISMO Y LA BÚSQUEDA DEL BIEN

ENTRE EL REFLEJO DE SÍ MISMO Y LA BÚSQUEDA DEL BIEN

A menudo se confunden el narcisismo y el idealismo, pero nacen de raíces opuestas y llevan a destinos muy distintos. El narcisismo consiste en hacer de la propia persona el centro de todo: se exagera la propia valía, se necesita admiración constante y se ve a los demás solo como espejos que confirmen esa imagen superior. El idealismo, en cambio, es el anhelo de acercarse a lo que es verdadero, justo y bello, buscando metas que valen por sí mismas y no por lo que nos hagan parecer.

Ambos utilizan la idealización, pero con fines distintos. El narcisista levanta ideales, personas o causas solo en la medida en que le devuelvan una imagen de grandeza personal; cuando aquello no cumple su expectativa, lo desprecia y lo abandona sin remordimiento. El idealismo auténtico, por el contrario, admira y aspira a lo alto porque reconoce su valor propio, incluso cuando no le trae beneficio ni reconocimiento.

Es muy fácil caer en la trampa: muchos presentan un discurso cargado de ideales nobles, pero en el fondo sólo buscan sentirse únicos, dueños de la verdad o superiores al resto. Usan la causa justa como un escenario donde ellos son los protagonistas, y no dudan en juzgar con dureza a quien no piensa igual o no alcanza sus estándares inalcanzables. Ahí el idealismo se ha corrompido: ya no sirve al bien, sino al ego.

El verdadero idealismo lleva consigo humildad: reconoce las limitaciones propias y ajenas, acepta que el camino es lento y que la perfección es meta, no punto de partida. El narcisismo, en cambio, no admite fallos porque cualquier error mancharía la imagen perfecta que ha construido de sí mismo. Uno se abre a los demás, el otro se encierra en su propio reflejo.

Distinguirlos es esencial para no perder el rumbo. Vivir ideales sin confundirlos con nuestra propia gloria es la senda que nos hace crecer como personas; hacer de todo una forma de ensalzarnos a nosotros mismos es caer en un vacío donde por más que se busque aplauso, nunca se encuentra la verdadera satisfacción.