ENTRA EN TU INTERIOR … DONDE DIOS ESPERA EN SILENCIO
ENTRA EN TU INTERIOR … DONDE DIOS ESPERA EN SILENCIO
Entra en tu celda interior, y en el silencio escucharás la voz de Dios. Con estas palabras, Santa Teresa de Ávila no nos invita a encerrarnos entre cuatro paredes, sino a descubrir que el lugar más cercano al Cielo está dentro de nosotros mismos. No necesitamos viajar lejos ni subir a torres altas para encontrarlo: basta con entrar, cerrar la puerta al ruido y quedarnos solos con Aquél que ya está ahí esperando, antes de que nosotros lleguemos.
Vivimos tan dispersos, tan llenos de voces ajenas, de noticias que pasan, de mensajes que exigen respuesta, que hemos perdido el arte de escuchar. Y Dios, que suele hablar suave, se ahoga entre el ruido del mundo. La Santa lo advierte: quien vive siempre acompañado de ruido, termina sordo para lo esencial. No es que Dios se esconda: es que nosotros pasamos corriendo y no lo vemos. Como quien entra en una habitación y no apaga la radio, no puede oír lo que, quien lo ama, le quiere decir al oído.
Entrar en la celda interior no es huir de la vida, sino encontrar el centro desde donde vivirla bien. Allí, en ese silencio que asusta, al principio, porque nos muestra quiénes somos de verdad, nos damos cuenta de que no estamos solos. Ahí se aquietan las prisas, se desvanecen los miedos innecesarios y aprendemos a distinguir lo que vale de lo que solo hace ruido. La voz de Dios casi nunca llega como trueno: llega como paz, como luz que aclara, como fuerza que sostiene, como perdón que libera. Llega cuando nosotros nos callamos.
Muchos temen el silencio porque les enfrenta a sí mismos: a lo que han hecho, a lo que han dejado de hacer, a lo que sienten y no se atreven a mirar. Pero Teresa nos anima a no huir: lo que encuentres dentro, Dios lo sanará si se lo dejas. La celda interior es también lugar de encuentro con la propia conciencia, donde quitarnos las máscaras y decir con honestidad: aquí estoy, Señor, con mis luces y mis sombras, porque sé que Tú me amas tal como soy y me quieres ayudar a ser lo que puedo llegar a ser.
Y lo más hermoso de su enseñanza: lo que recibes en el silencio, lo llevas contigo al mundo. No es un retiro para siempre: es una pausa para volver a la vida con más paz, más paciencia, más amor. El que ha escuchado la voz de Dios en su interior, lleva esa calma al hogar, al trabajo, a la calle. Ya no necesita que todos lo miren ni que siempre le den la razón: porque tiene dentro de sí un amigo que lo acompaña y una voz que lo sostiene cuando todo lo demás falla.
Santa Teresa lo resume con la sencillez de quien lo ha vivido: «Basta encontrarse con Dios dentro de uno mismo, y se lleva el Cielo consigo a donde quiera que se vaya». Que hoy, entre tantas cosas que piden tu atención, te regales unos minutos de silencio. Entra, cierra la puerta, calla… y escucha. Porque Aquél que te creó te está esperando ahí, con algo que decirte sólo a ti.


