EMBISTEN AL TORO BRAVO

EMBISTEN AL TORO BRAVO

La ofensiva encabezada por Jerónimo Sánchez en Querétaro, bajo la bandera de la defensa animal, apunta directamente contra la tauromaquia, la charrería y el jaripeo, planteando una visión cerrada y parcial que olvida derechos humanos, historia y equilibrio biológico. Su narrativa presenta estos usos como simples actos de crueldad, sin reconocer que constituyen pilares de la identidad nacional, patrimonio vivo y fuente de sustento para miles de familias, ganaderos, artesanos y comunidades rurales que giran en torno a ellas. Lo más grave es ignorar que la raza del toro bravo es creación y fruto secular de esta cultura; si desapareciera su destino natural, la especie misma quedaría condenada a la extinción, perdiendo su biología, crianza y entorno propio.

Al pretender erradicar estas tradiciones en bloque, se comete una profunda injusticia: se protege al animal desde una mirada ideológica, pero se pisotea el trabajo, la libertad y la dignidad de amplios sectores populares, destruyendo economías locales y rompiendo lazos de transmisión cultural entre generaciones. La charrería y el jaripeo, además, suponen destreza, respeto y vínculo armónico con el caballo y la tierra, lejos de la caricatura que se difunde. Una verdadera justicia no elige bandos ni borra la historia: debe buscar trato digno, sí, pero sin hacer tabla rasa de herencia, derechos adquiridos y la continuidad biológica que durante siglos ha mantenido floreciente una raza única en el mundo. El bienestar no puede imponerse a costa de la miseria y el olvido de un pueblo entero.

Además, todas las naciones, en sus poblaciones rurales, sobre todo, los animales son parte natural de su vida, no sólo para la alimentación, agricultura y ganadería, sino también para su sano y necesario entretenimiento, que se hace costumbre, folklore y cultura, a favor de la inteligencia, valentía y fuerza varoniles sobre el instinto animal.