EL PROBLEMA DE LA INCONGRUENCIA

EL PROBLEMA DE LA INCONGRUENCIA

Una forma muy peculiar de actuar en el medio social y empresarial es la que se define como "incongruencia".

Ésta es una actitud observada y un contrasentido, entre lo que pregonas que eres y los actos que llevas a cabo en tu vida profesional. Te voy a poner un ejemplo: una institución bancaria pregona por la televisión ser una institución comprensiva y promotora de la seguridad familiar, y te plantea una agenda de préstamos e inversiones para fortalecer y ayudar a la familia, pero al primer retraso en los pagos, te arman un conflicto amenazante por la vía legal y te hablan repetidamente en la madrugada a tu domicilio familiar. ¡Esto se llama incongruencia institucional y su publicidad televisiva sólo fue un gancho de marcketing!

Otro ejemplo sería la de un profesional que mantiene una imagen impecable en lo social, y se le compara con la Madre Teresa por la bondad de sus acciones, pero que en la vida privada es un deshonesto, pendenciero y aprovechado que abusa de su imagen para sacar dividendos... ¡Es un incongruente!

Lo más común, en mi forma de ver, es la incongruencia personal, donde en la familia y en lo social, eres un ejemplo de ética y moral, tanto como profesional y como padre de familia, y sin embargo, llevas una doble vida; por fuera vas a Misa, das limosna, comulgas todos los domingos, tienes una familia temerosa de Dios pero, en el ambiente de negocios, eres un tirano donde das prioridad a la ganancia sin importar el abuso al que sometes a tus empleados o compañeros de trabajo. Bajo el lema de "business son business", y bajo el código de la mafia de "No es nada personal, sólo son negocios", nos enfrentamos a una doble moral: la privada y la pública, que no tiene nada que ver. No se actúa como se piensa... ¡Es una incongruencia!

Si eres un nacionalista, ¿qué andas haciéndole la corte a un comunista?... Es una incongruencia.

¡No hay nada más motivador que la congruencia! Seas frío o caliente, blanco o negro, de derecha o de izquierda, bueno o malo, no seas tibio, gris o de los que se mecen en dos aguas, un chapulín de las circunstancias, un pusilánime, que no defiende nada y de todo quiere sacar provecho... ¡A éstos, ni el saludo!

Recuerda... "Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca" (Apoc. III, 16).

SAPIENTIA LDI

EDITORIAL