EL PRESO DEL ALTAR
EL PRESO DEL ALTAR
Conmueve hasta el alma pensar que Nuestro Señor Jesucristo se quiso quedar ¡Prisionero en el Sagrario, Preso del Altar!
¡Por ti, por mi y por todos! … Durante todo el tiempo y en todo lugar, a pesar de que somos tan insuficientes ¿Qué méritos habremos hecho para que nuestro Redentor se quedará cautivo en el Santísimo Sacramento de la Eucaristia? …
¡Mérito, ninguno! … Es totalmente de Él, de la entrega sin medida de su Corazón enamorado, que no sólo se sacrificó el viernes santo, sino que lo sigue haciendo en cada misa celebrada, hasta en el rincón más recóndito de la tierra, para que con mayor plenitud participemos de su inmolación y alcancemos los frutos perennes de su Redención, es decir, la Gracia y el Cielo que con su Sacrificio nos alcanzó.
¡Incomprensible e extraordinario a la vez! … ¡Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, presente con toda su alma, su cuerpo y su divinidad contenida en la especie pan y vino, se quiso convertir en alimento de nuestras almas!
¡A tanto amor y tanta entrega! … nuestra respuesta, sólo puede ser amor y entrega.
Demostremos a Nuestro Señor Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristia, que queremos pertenecerle y aunque, incomparable es lo que nosotros podemos ofrecerle, conscientemente dispongamos nuestra alma con un arrepentimiento sincero de las ofensas hechas, buenas confesiones, sacrificios, penitencia y practicando las virtudes; para que así, procurando ser buenos hijos, el Espíritu Santo habite en nosotros.
¡Bendito y Alabado seas en el Santo Sacrificio del Altar, en el Cielo, en la Tierra y en todo lugar!


