DÍA DEL EJÉRCITO MEXICANO

DÍA DEL EJÉRCITO MEXICANO

Este 19 de febrero, México no sólo celebra una institución, sino que rinde tributo a su propia columna vertebral, a esa fuerza que nace de las entrañas de la tierra y que se viste de verde olivo para fundirse con el horizonte. En el Día del Ejército Mexicano, la nación entera se pone de pie para reconocer a quienes, más que soldados, son los hijos, hermanos y padres que han decidido entregar su vida al servicio de la soberanía y, sobre todo, al auxilio incondicional de sus semejantes.

​No es una fecha de simples protocolos, es el momento de exaltar la herencia de un ejército que presume un origen único en el mundo: su cuna es el pueblo. El soldado mexicano no pertenece a una casta ajena ni a una élite distante; su rostro es el reflejo de nuestra geografía, una mezcla de bronce, sudor y esperanza que se forja en el surco, en la sierra y en los barrios. Por eso, cuando el cielo se cierra y la naturaleza golpea con su fuerza desmedida, el uniforme militar se convierte en el primer rayo de luz. Es la mano que rescata entre los escombros, el brazo que reparte el pan en la tragedia y el pecho que sirve de escudo ante cualquier amenaza que pretenda vulnerar nuestra paz.

​El orgullo que hoy sentimos se sustenta en una labor histórica que trasciende los libros de texto. Es un honor que se cultiva en la vigilancia silenciosa de nuestras fronteras y en la labor incansable de labor social que llega hasta el rincón más olvidado de la patria, donde a veces sólo llega el paso firme del soldado. Ver pasar una columna militar no es solo ver disciplina y marcialidad, es contemplar la estabilidad a la que aspira toda nación al saber que cuenta con guardianes cuya lealtad no tiene precio y cuyo valor no conoce el cansancio.

​Hoy, las plazas y calles de México deben resonar con un aplauso sincero para aquéllos que velan el sueño de los más pequeños mientras la noche es fría, y para quienes mantienen la frente en alto bajo el sol más incandescente. Ser soldado en México es una vocación de sacrificio que se premia con la gratitud de una mirada o el apretón de manos de un compatriota. Es esa mística de servicio la que mantiene viva la llama de la esperanza.

​Felicitamos a cada integrante de nuestras fuerzas de tierra y aire. Su presencia es sinónimo de certeza y su historia es el testimonio de un compromiso inquebrantable. Que este día sirva para que cada soldado sepa que en el corazón de cada mexicano hay un rincón de respeto y admiración profunda. Porque mientras haya un soldado de pie, México seguirá caminando con la seguridad de que su bandera estará siempre bien custodiada por los mejores de sus hijos. ¡Gloria y honor al heroico Ejército Mexicano!