CRISTIANOS: ¡SED EJEMPLO DE FECUNDIDAD!

CRISTIANOS: ¡SED EJEMPLO DE FECUNDIDAD!

Todos sabemos que no vamos a ser jóvenes siempre y, menos, eternos; que envejecemos más pronto de lo que imaginamos y que en la propia familia al paso del tiempo, se va necesitando sangre nueva (¡los hijos!), que aporten a la economía y al progreso familiar (casa, escuela, negocios, enfermedades, etc.). La casa necesita restaurarse; la escuela, profesores menos cansados; los negocios, modernizarse al menos tecnológicamente; y las enfermedades, necesitan servicios médicos y medicinas que resultan muy caros… ¿Y quién afrontará esta carga económica si los brazos de los adultos mayores ya están cansados?

Las familias necesitan más hijos; las naciones requieren vigorizar la fuerza del trabajo, y éste, a su vez, la economía; la Iglesia requiere de muchos más Sacerdotes que evangelicen el mundo entero e impartan los Sacramentos; y de Religiosos (as) que eleven sus oraciones y sacrificios pidiendo a Dios por los 8 mil millones de pecadores que habitamos una Tierra en la que a diario mueren decenas de miles. Y a la humanidad entera, le urgen personas de bien, honradas, justas y caritativas; le urgen familias unidas y de sólida formación moral que les permita estabilidad propia y que aporten significativamente al bien de la sociedad en que se desenvuelven… ¡Y hasta el Cielo está ávido de más almas por salvar y que ayuden a salvar a otras tantas!

Hoy, más de las dos terceras partes de los países han renunciado tanto a la fecundidad, que se vuelve prácticamente imposible en ellos, el reemplazo generacional. Europa, Estados Unidos, algunos de Asia y hasta de Latinoamérica, etc., se han alejado del 2.1, índice mínimo requerido para garantizar la estabilidad económica nacional. Los últimos informes demográficos de EE. UU. Ya preocupan seriamente a sus gobernantes pues, de seguir con 1.6% de índice de fecundidad, para 2050 estarán padeciendo las fatales consecuencias. Y aunque estudiosos del problema aboguen por fomentar y/o aumentar políticas públicas que favorezcan la procreación en las familias, están convencidos en que no está ahí la solución.

La solución verdadera para aumentar el índice de natalidad está en que cada hombre y mujer esté formado en las virtudes y valores cristianos para que, a través del Sacramento del Matrimonio, estén dispuestos a abrirse a la vida ¡pero generosamente!... dando la bienvenida a cada hijo que Dios se digne regalarle.

Esto requiere de mucha fe, para creer que la Providencia Divina nunca abandonará a los padres de familia y que todos los esfuerzos y renuncias, siempre serán recompensados por Dios. No necesariamente con baratijas como: vacaciones lujosas, imagen espectacular, carros último modelo ni grandes residencias; de eso, hay demasiado en el mundo. Dios te compensará con algo más valioso, algo que ya se encuentra muy poco en el mundo: virtudes y valores cristianos: humildad, Fe, Esperanza, Caridad, castidad…

Que cada familia cristiana, por su propio bien (amor, unidad, mutua generosidad, etc.), por el bien común (armonía, educación, progreso, civilidad, seguridad, etc.) y por la grandeza de su país… ¡tenga más hijos! Que las familias al menos tengan más de dos hijos, y ¡que las familias más fuertes en la Fe y en la generosidad, tengan varios más!