CORPUS CHRISTI
CORPUS CHRISTI
¡Oh, Corpus Christi, fiesta del Dios que se quedó por amor, prisionero voluntario en un trozo de pan! No entienden los que pasan de largo: no es un símbolo ni un recuerdo. Es Él, vivo, palpitante, el mismo que detuvo el sol y que dejó que unos clavos traspasara sus manos y sus pies. ¡Y yo, pobre enamorado, me postro ante la Custodia como quien abraza al Amado que creía perdido!
Hoy las calles se visten de banderas blancas, alfombras de flores y sahumerios que suben como mi oración hecha incienso. El Señor sale a la intemperie porque es un "loco enamorado" que no soporta las cuatro paredes del templo: quiere pisar el asfalto donde peco, rozar las esquinas donde lo niego, derretirse bajo el sol de junio para encontrarse conmigo. ¿Qué puedo hacer sino llorar de gozo?
Cuando pasa la Custodia, el pueblo cae de rodillas. Los Ángeles, desde el Cielo, nos miran con envidia: ellos ven la esencia, pero nosotros tenemos la fe. Y es más dichoso creer sin ver que ver sin amar. ¡Qué vergüenza las veces que lo dejé solo en el Sagrario! Pero hoy le grito bien fuerte: ¡Bendito sea el Santísimo Sacramento! Porque Él se quedó en esa cárcel de harina por puro amor. Por mí. Por ti. ¡Ven, adora, que el Rey de los Cielos te espera hecho Pan!


