¿“CONVERTIRSE”?... ¿QUÉ ES ESO?

¿“CONVERTIRSE”?... ¿QUÉ ES ESO?

Por estos días se escucha con más frecuencia, entre los ambientes católicos, el llamado a la "conversión", pero pareciera que nos pasa de largo y creemos que el mensaje es para otro, para nuestro prójimo, imaginando que nosotros ya no necesitamos "convertirnos". Por su parte, los "no practicantes", quizá se pregunten: ¿Qué es la "conversión"?, ¿en qué consiste?, ¿para qué "convertirse"?

La "conversión" cristiana, en pocas palabras, consiste en dejar la vida de pecado (s) y empezar a vivir de manera más constante, la vida de la Gracia, de amistad con Dios. Es decir, "convertirse" significa que cada vez más, nuestra alma sea un reflejo de Cristo, que seamos imitadores de Cristo, haciendo la Voluntad del Padre Celestial.

¿De verdad los católicos de 2026 somos muy parecidos a Cristo y sabemos resignarnos a su Divina Voluntad?... ¿Nuestra conducta es tan sana y santa como nos enseñó Él en su paso por Palestina hace 2000 años?... Lamentablemente, a no pocos de nosotros nos viene bien el nombre de "católicos lights" porque, si acaso vivimos la religión, la vivimos a nuestra conveniencia, y preferimos adaptar la religión a nuestro moderno modo de vivir. ¿Y cómo se vive hoy día? Teniendo como prioridad el trabajo, el dinero, la computadora y las redes sociales, la comodidad, la imagen personal, placeres, etc., difícilmente se puede ser auténtico cristiano, sin medias tintas, como Cristo nos enseñó.

La tibieza no es propia del católico; es exactamente contraria al espíritu sobrenatural de nuestra fe. Siendo la religión Católica la única fiel a la Revelación Divina, la verdad debe proclamarse con seguridad y la virtud debe ser reflejo de la Gracia en el alma. Todo ello con convicción, valentía, generosidad, aunque la humildad y la modestia lo difuminen. El católico no debe ni puede ser "light" sino católico en lo poco y en lo mucho, en soledad y en sociedad, en el hogar y en el trabajo, en la prosperidad y en la adversidad… hoy, mañana, siempre.

A los católicos "lights" de hoy, nos urge la conversión porque nos hemos dejado persuadir de que no es tan malo vivir según el mundo (no Misa dominical, no Cuaresma, no Rosario, no obras de misericordia, no oraciones, no Sacramentos, etc.). ¡Pero el mundo es uno de los tres enemigos del alma contra el que debemos luchar a diario!

Al mundo nunca le ha gustado la renuncia de sí mismo, la renuncia al ego, al placer, a los gustos personales, a la comodidad, a las riquezas. Pero la renuncia a sí mismo fue la primera condición que N. S. Jesucristo pidió para que le pudiéramos seguir.

La verdad, a todos nos hace falta un poco más o mucho más de "violencia interior" para sacrificar lo que nos gusta, para pagarle, aunque sea con poquito, la vida que por nosotros ofreció el Redentor en la cruz.

¡Vivamos la Cuaresma siquiera con algo de oración, arrepentimiento y de mortificación!