BALDUINO DE BÉLGICA, DE REY A BEATO
BALDUINO DE BÉLGICA, DE REY A BEATO
Mientras la figura de Leopoldo II permanece como mancha imborrable por su crueldad y avaricia, la memoria del Rey Balduino de Bélgica se alza como su antítesis perfecta, mostrando que la misma estirpe puede dar frutos opuestos según se deje guiar por el amor de Dios o por el egoísmo desmedido.
La vida de Balduino estuvo marcada por el sufrimiento desde la infancia: perdió a su madre siendo niño y, durante la Segunda Guerra Mundial, él y su familia fueron tomados como rehenes y deportados, conociendo de cerca la prisión, la injusticia y el dolor, sin que esto amargara su corazón, sino que lo hiciera más compasivo y firme en sus principios. Años más tarde, encontró en Fabiola de Mora y Aragón no sólo a su esposa y compañera inseparable, sino el apoyo espiritual que fortaleció su fe y su servicio al pueblo, compartiendo ambos una vida de oración, humildad y entrega ejemplar.
Su reinado transcurrió buscando siempre el bien común, guiado por la Doctrina de la Iglesia y su conciencia cristiana, hasta que llegó la prueba más dura: cuando se pretendió imponer en el país la ley del aborto, él se negó rotundamente a firmarla, entendiendo que hacerlo sería traicionar su deber de proteger la vida, don sagrado de Dios desde la concepción hasta la muerte. Prefirió dejar el cetro antes que consentir un crimen contra los inocentes, abdicando temporalmente y aceptando con serenidad las presiones que buscaban doblegar su voluntad, demostrando que para él la fidelidad a Dios estaba por encima de cualquier poder humano o conveniencia política. A diferencia de su antepasado, que usó el poder para enriquecerse y destruir millones de vidas, en el Congo, Balduino ejerció el mando real de Bélgica como un servicio, renunciando a él cuando se le exigió actuar contra su conciencia.
Hoy su nombre es recordado con respeto y gratitud, y su causa de beatificación avanza como reconocimiento a su santidad de vida. Este contraste nos enseña que el linaje no define al hombre, sino la elección libre de seguir a Cristo o ceder a los vicios: mientras Leopoldo II pasó a la historia como vergüenza de la humanidad, Balduino se erige como modelo de Rey cristiano, que supo darlo todo por sus convicciones y por el amor a la vida y a su pueblo.


