Nicaragua ordena restricción para que sacerdotes no salgan de sus parroquias para predicar

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragüa ha ordenado al clero de la diócesis de León que no salga de sus parroquias para realizar actividades pastorales fuera del templo, lo que en la práctica bloquea visitas a familias, predicación en el marco de misiones y otras formas habituales de apostolado comunitario en América Latina.
Una orden verbal transmitida por la policía
La restricción fue comunicada de forma verbal por agentes policiales, en vísperas de una misión parroquial prevista para el 24 de enero de 2026, que incluía visitas puerta a puerta. Hecho que ha sido denunciado por la abogada e investigadora nicaragüense Martha Patricia Molina, autora de informes de referencia sobre la persecución religiosa en el país.
En la práctica, la instrucción equivale a confinar la acción pastoral al interior del templo.
Una medida que reduce la fe al ámbito privado
El trasfondo es evidente, impedir que la Iglesia ejerza una presencia social normal, limitando el contacto pastoral con las familias y reduciendo la religión a un hecho privado o estrictamente intra-templo. Esa lectura aparece también en análisis recogidos por medios católicos, que advierten que el objetivo real es recortar la dimensión comunitaria de la Iglesia y su capacidad de reunión.
Escalada sostenida de presión contra la Iglesia católica
La prohibición se enmarca en una persecución documentada desde hace años: vigilancia, intimidaciones, expulsiones y medidas restrictivas contra instituciones y clero. El medio Crux informó sobre esta nueva presión en León y citó a Molina describiendo episodios de irrupciones policiales en retiros, con interrupciones y uso de equipos de sonido para mensajes ajenos a la actividad religiosa.
El temor del régimen a cualquier reunión
Según indica Crux, las medidas apuntan a una lógica política: el régimen desconfía de cualquier forma de reunión social que no controle, y ve en la vida parroquial —especialmente cuando sale al barrio y entra en los hogares— un potencial de tejido comunitario que escapa a su vigilancia.
