LA ESCALA ESPIRITUAL II

Alberto y Javier se acomodaron en su asiento frotándose las manos cuando el camarero les sirvió unas tazas rebosantes de café latte, con un dibujo sobre la espuma. Olía delicioso y junto a cada taza, una porción de strudel de manzana. Los dos amigos saborearon el sinigual latte y Roberto lo bebió sin menear la espuma mientras que Javier lo hizo con a cuchara... Después de un gesto de satisfacción, los dos amigos se miraron fijamente y Javier, ansioso, preguntó:

-Y... ¿Qué pasó con Bruno?...

Roberto siguió el relato de la Carta de Guigo II a su amigo Gervasio, que describe la Escala que lleva a la Contemplación. Esta carta es un breve pero preciso tratado sobre la Oración de los Cartujos. Esta carta, atribuida a veces a San Agustín o a San Bernardo, lleva el título de "Scala Claustrale". Bruno la atribuye a una revelación de la Escala durante el trabajo manual mientras pensaba en los ejercicios del Hombre Espiritual: la Lectura, la Meditación, la Oración y la Contemplación. Ésta es la "Escala" (escalera de cuatro peldaños) por la que los monjes se elevan de la tierra al cielo. Su parte inferior se apoya en la tierra mientras que la superior penetra las nubes y escruta los secretos del Cielo. La Lectura es la aplicación del espíritu a las Sagradas Escrituras. La Meditación es la cuidadosa búsqueda de una verdad oculta, con la ayuda de la razón. El tercer peldaño es la Oración. Ésta es un dirigir devotamente el corazón hacia Dios para alejar el mal y obtener el bien. Y la Contemplación es la elevación del alma a Dios, que extasiada experimenta la sabrosa dulzura que se experimentan de los goces eternos.

Javier estaba atento y asombrado ante la descripción tan sencilla de Alberto sobre la "Oración Mental". Alberto sacó una libretita de su "bolsa de trabajo" y le dibujó la escalera con los nombres de cada peldaño y se la entregó a Javier. Sin embargo, dijo Alberto:

-Parece fácil, pero es necesario darte algunos consejos para que se te facilite esta "no actividad" o este "divino ocio". Primero debes tener la voluntad y la disposición de hacerlo. Segundo, debes tener una certeza absoluta de a quién te vas a dirigir... o sea, a Dios, a la Persona más importante del universo, al Creador de todas las cosas, a la Inteligencia y Sabiduría infinitas, a la Trinidad viviente, a ese misterio insondable de Bondad, Quien, a través de Su Hijo, el Redentor de todos los pecados del mundo, ha pedido a Dios que nosotros, minúsculas creaturas, nos adopte en Su nombre y nos llame hijos, hermanándose Jesús con la humanidad para llamarlo Padre. Ése es Javier, el misterio de la Oración, es un diálogo provocado por la voluntad y el amor. La búsqueda de este diálogo no requiere tanto de hacer peticiones; no pidas lo que de sobra Dios sabe lo que necesitas. Éste, Javier, es el reto de buscar a Dios en la Oración... ¡un cara a cara con tu Creador!

A Javier le corrieron dos gotas de sudor y muchas lágrimas de los ojos al considerar lo que Alberto le decía...

-Nunca, nunca, había entendido la Oración de este modo. Yo creía que solo era pedir y adorar... pero... ¡Sniff! ... ¡Esto es otra cosa!

-Sí... la propuesta es unir tu alma a Dios, es la unión que hace divino al hombre... Ves Javier, ¡qué importante es tener conciencia de la Oración y de su valor! Es unir tu alma, tu pensamiento, tus trabajos, tus ambiciones y todo tu ser al Dios de amor, que sólo espera que en la soledad te atrevas a tocar... Eso es Javier, la Oración Mental.

Javier no salía de su asombro y entre pucheros y lágrimas, su corazón se había rendido ante ¡la enorme posibilidad que le ofrecía la Oración!

Roberto bebió de su latte mientras Javier no salía de si asombro ante las certezas que le había ofrecido su amigo. Después de este episodio hicieron un silencio, uno para que Javier se asentara por la emoción de su alma y otro para que Roberto respetara el estado espiritual de Javier. Después de unos minutos de silencio reflexivo, los dos amigos se miraron y Roberto le ofreció su ayuda si intentaba el reto de la Oración contemplativa. Javier, con mirada de agradecimiento se despidió de Alberto, resistiéndose a que pagara la cuenta.

-Un último consejo: recuerda que... ¡ORAR ES AMAR!