EL DESPRECIO DE LAS CANAS

Forjaron los cimientos de una sociedad que superó múltiples obstáculos y crisis; fueron, quienes, con su trabajo y visión, sentaron las bases para economías fuertes en muchas regiones del mundo, así como la consolidación y crecimiento de la clase media, que, desde hace algún tiempo, lucha por subsistir a pesar de todos los embates para suprimirla.

Inculcaron los valores que todavía "sobreviven" en muchos hogares aún en los tiempos en que vivimos, donde se nos ha hecho creer que practicarlos es algo anticuado y "fuera de onda".

Hablamos de aquellos que ya superaron las seis décadas de vida... o siete, ocho o nueve... aquellos quienes ya se jubilaron o están por hacerlo, y ya por sus cabezas caen hilos de plata o solo quedan algunos rastros de ellos, pero que irradian experiencia, comprensión y sabiduría. A ellos les ha tocado vivir tiempos aún más difíciles que para el resto de la población.

Ahora con el tema de la pandemia, pareciera que nos hemos empeñado en "hacerles la vida de cuadritos". Se les ha hecho a un lado, se les ha abandonado, se les desprecia y se les trata como "apestados" bajo el argumento de que son "población vulnerable" y hay que "cuidarlos".

Pero con esto, no estamos alentando a que se expongan de manera imprudente a los contagios. Al contrario, que puedan hacer sus actividades esenciales siguiendo con todos los protocolos sanitarios que lleva a cabo la población en general.

Sin embargo, las medidas del gobierno para "controlar" la pandemia implican "hacerles el feo" en todos lados: se les niegan sus derechos fundamentales y básicos, como el poder ingresar a una farmacia para obtener sus medicamentos. Se les prohíbe la entrada a los supermercados para comprar sus alimentos, bajo la suposición de que al ingresar se van a contagiar fácilmente, a pesar de que sigan todas las reglas y medidas dispuestas para evitarlo. ¿Qué no se supone que para eso son los numerosos filtros sanitarios tediosos que se colocan a cada paso que damos?

¡Ah!, pero eso sí. Cuando se trata de pagar impuestos, ahí sí deben salir de sus casas. Tienen que cumplir sus obligaciones, incluso durante el mero "pico" de la pandemia. Ahí se olvida todo "el rollo" de quedarse en casa para disminuir riesgos de contagio. Deben hacer fila durante horas sin "sana distancia", exponerse al contacto con los demás contribuyentes que acuden a las oficinas, etc. Sin mencionar, que muchos de los adultos mayores se trasladan en transporte público... Pero para comprar comida y alimentos, se les dice que NO...

¿Dónde queda la "supuesta" preocupación por ese sector vulnerable? ¿Acaso no han revisado los datos del INEGI que señalan que, por cada 100 niños y jóvenes, hay 38 adultos mayores en México?

Por su parte, los medios de comunicación y la clase política nos bombardean con mensajes en los que se nos recalca, hasta el cansancio, que NO visitemos a nuestros padres o abuelos; que NO convivamos con ellos; que los abandonemos en la soledad y frialdad de las cuatro paredes de su casa, en donde ven cifras y cifras que solo los llenan de miedo. Por si fuera poco, también los privan de los servicios religiosos, tan necesarios durante toda la vida, y más, en tiempos difíciles.

Nos piden que les arrebatemos la felicidad, que no vayamos a ese espacio en donde ya se ha perdido la calidez y el sabor de una buena comida, charla y convivencia entre abuelos, padres, hijos y nietos durante los fines de semana; quien está sano, puede hacerlo sin ningún problema.

Debemos de cumplir con todas las medidas sanitarias, más aún, cuando visitemos a un adulto mayor, pero no podemos caer en reducir la interacción humana a una simple y vacía llamada virtual.

Ellos han quemado sus mejores años trabajando y luchando por construir una mejor y próspera sociedad en todos los sentidos, pero parece que el mundo olvida eso y los desprecia; quiere deshacerse de ellos porque ya no son productivos... solamente son una "carga" que "estorba".

Por eso, no olvidemos a nuestros padres o abuelos. Estemos al pendiente de sus necesidades físicas, pero también de las necesidades de sus almas. Necesitan del cariño y comprensión de sus seres queridos. Cuidémoslos y no los abandonemos a su suerte.

DLB