50 AÑOS DESPUÉS

14.05.2024

Quién haya leído Veinte años después, del escritor francés del siglo XIX, Alejandro Dumas, sabrá a qué me refiero.

Es el caso de cuatro amigos que en su primera juventud, corren aventuras, que, según el escritor, cambiaron el mundo y los derroteros de Francia. Intrigas internacionales, ambiciones personales y muchos espadazos, llenan las páginas de esta primera juventud de los personajes de Los tres mosqueteros.

Por azares del destino, cada uno se va por caminos diferentes llevándose consigo el recuerdo de una generación heroica; se reencuentran veinte años después, al alegre abrazo por volverse a ver y recrear sus aventuras en solitario.

¡El mundo veinte años después, ha cambiado! … pero, la fuerza de sus brazos no ha variado … El libro es un largo coloquio de este paréntesis literario, con aventuras que recuerdan a su primera juventud.

Esto, viene a colación para recordar a un grupo de amigos, que se reunieron para festejar 50 años del matrimonio de dos de ellos …. ¡Cincuenta años después! … Nos volvimos a encontrar con los amigos, los sobrevivientes de nuestra generación; ya éramos pocos y los hijos de los amigos que los recordamos de pantalón corto, ahora son hombres adultos de bigote y con nietos … ¿Qué paso?

Resulta, que ya han pasado cincuenta años … ya pasó la niñez, la adolescencia y la primera juventud. Ahora están en la plenitud de la madurez, por no decir viejos, con el pelo blanco o calvos … pero el humor y el temperamento es el mismo. Entre nosotros no tenemos que fingir, nos conocemos de hace mucho. Así que, el promedio de los que asistimos a la ceremonia de la vieja guardia, promediaba unos 75 años … Unos más, otros menos, pero con las cicatrices de la edad.

Nuestra generación ya pasó, ya estuvo en la lucha y ahora, recogemos el botín de las batallas.

Ya formamos a nuestros hijos, y a su vez, ellos empiezan a formar a los suyos. Ya hicimos patrimonio, unos más y otros menos; ya empezamos con los achaques de la próxima salida.

Reflexionando sobre la vida pasada, estamos serenos, disfrutando del trabajo (opcional) que mientras se conserven las facultades, te mantiene en movimiento y lejos del retiro.

Ahora, nuestros hijos son las estrellas en nuestra sociedad, ellos están remando y remando. Unos ya llegamos a la meta individual y disfrutan del retiro; otros, ya casi no se mueven y cancelan las reuniones … Tanto descanso los hace imaginarse dolencias y se han hecho hipocondriacos; a estos hay que rescatar…

¡Tan lejos el ayer y tan cerca del mañana! Y como dijo aquel poeta: confieso que he vivido.

Enfrentemos el futuro con paciencia y esperanza, el recuerdo nos invade día a día, pero ya no tenemos veinte años después, sino, cincuenta años después … ¡Buen viaje!...